Miércoles 22.05.2019

COMIENZA EL MES DE RAMADAN

El tiempo de reconfortar el espíritu

El mundo interno del creyente se renueva y fortalece, y las almas viven la bendición de la buena moral prescrita por el Islam.
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Cuando empieza el Ramadán, nuestro mundo interno, pensamientos y sentimientos se renuevan y fortalecen. Brisas de piedad, desde diferentes fluctuaciones, se unen a nuestras esperanzas y penetran nuestros corazones. Las almas creyentes disfrutan más profundamente de la satisfacción de la fe y experimentan la bendición de la buena moral pre-s crita por el Islam así como la facilidad espiritual de hacer el bien a los demás. Aquellos que ayunan por Dios sienten una sensación de alegría, y viven cada día con el en - tusiasmo de un nuevo  reencuentro. Viven cada mañana con un sentimiento indescriptible, como si los llamaran a una nueva prueba. Se percibe en sus rostros un signo de humildad mezclado con la solemnidad ante Dios, así como la serenidad, la seriedad y la me - lancolía combinadas con un sen-ti miento de seguridad. Cada acto refleja la paz espiritual y la euforia que se manifiesta con motivo de la adhesión a la voluntad de Dios y la confianza en El, y así, la sincer-i dad y amabilidad adquirida son limpiadas en las cascadas de fe del Corán. Aunque parecen ser seres creados de la luz, todos consisten en sombras solamente, así que no molestan ni pueden hacer a nadie daño alguno o causar problemas. Como el respeto y la cortesía son rasgos principales de su naturale - za, incluso después de un día de sed y hambre -y resistiendo los d-e seos carnales-, siguen teniendo un carácter dulce y de corazón puro. Aunque cada individuo pueda haber sido formado por un clima diferente e ideas diferentes –todos ellos, incluso el inteligente  y el de puro corazón, aquellos habituados a una vida disciplinada y cuidado - sa y aquellos que no lo son, la pe-r sona nerviosa y la tranquila, el rico y el pobre, el hombre feliz y el tris - te, el sano y el enfermo- todos sienten, con escasa diferencia, idénticos sentimientos en el Ramadán. Experimentan juntos la llegada de la noche y la mañana, escuchan la llamada a la oración y rezan en compañía, comen antes del alba e interrumpen juntos sus ayunos. Todos sienten al menos uno de los dos casos del regocijo y la alegría prometidas para aquellos que ayunan. El Profeta dijo: “Hay dos casos de alegría por parte de aquel que ayuna: un caso es cuando él rompe su ayuno, el otro cuando reciba la recompensa del ayuno en el Más Allá”.
Cada elemento de las ceremonias públicas permite que “las cuerdas” de los corazones resuenen con las llamadas a la oración desde los minaretes y elogios al Profeta. La paz y las bendiciones de Dios sean con él, junto con las declaraciones de Unidad Divina, Grandeza y Gloria que resuenan en nuestros oídos. Todos estos ele - mentos preparan nuestras almas para la veneración. Nos despiertan a las verdades espirituales y cele-s tiales, y permiten que hasta el  alma más grosera realice sus deberes de veneración del modo corre-c to. Encantados por esta atmósfera tranquila y pacífica, conseguimos una especie de infinidad y una sensación cercana a como si entendiésemos toda la existencia.