El tiempo, la libertad y el cuidado mutuo

Por: Daniel Goldman

Rosh Hashaná. La fiesta universal que renueva la esperanza se celebrará a partir de la noche del 18 de septiembre.
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Cuando el célebre Salvador Dalí concluyó de pintar su famosa obra de los relojes blandos y derretidos, declaró que su arte transcribe la calidad conceptual de que solamente se concibe al espacio y no al tiempo. La historia de la filosofía revela que el pintor surrealista no estaba errado, ya que es difícil admitir una dimensión abstracta, inasible, intocable. Entonces ¿no será el tiempo una ilusión?

En el caso de las tradiciones abrahámicas (judaísmo-cristianismo-islam) fuimos formados acorde a una matriz cultural que utiliza la palabra “Bereshit” (Génesis o En El Inicio) para permitir fluir su teología. Esto significa que la noción de tiempo marca nuestras creencias, pero no de manera ilusa. En ese sentido siempre se la ha interpretado como un regalo divino. Pero no así el acto de medir el tiempo. El calendario es una creación humana.

Con ese espíritu el gran rabí italiano Ovadia ben Jacob Sforno, que vivió entre 1475 y 1550, quien fuera médico, astrónomo y, por sobre todas las cosas, uno de los grandes intérpretes bíblicos, escribió que cuando Dios indica al mes de Nisan, el primer mes bíblico, diciendo “éste mes es de ustedes” (Éxodo 12:2), hace referencia a que para el pueblo hebreo “de ahora en adelante los meses serán ‘suyos’ para fijarlos como ‘ustedes’ entiendan, ya que durante el yugo (en el Egipto del Faraón) el tiempo estaba dedicado al servicio y la voluntad de los demás. Por lo tanto, es el primer mes, porque en él comenzaron su existencia como individuos que pueden elegir”. Bajo esta premisa, siendo que el tiempo lo administran “ustedes”, el calendario es una expresión de libertad. Porque ¿qué es un pueblo libre? Aquel que decide su destino sobre sí mismo y, por lo tanto, puede organizar su tiempo de acuerdo con sus valores, creencias, y necesidades.

En esta visión es la propia nación la que crea el calendario, haciéndolo suyo como un modo de enunciar su soberanía.

Traigo todo esto porque a partir de la noche del 18 de septiembre festejaremos el inicio del año 5781. Un simbólico aniversario de la creación del mundo posa sobre nosotros bajo la perspectiva religiosa que el año nuevo, o Rosh Hashaná, no esté pensado como una celebración exclusivamente judía. Porque tradicionalmente es la oportunidad de manifestar nuestra libertad para que toda la humanidad con espíritu compartido renovemos el permanente sentido de esperanza. Este año se nos convoca a traducir esa esperanza en un compromiso activo de “cuidado mutuo responsable y consciente” frente a la pandemia. La hora actual requiere que las sinagogas liberales acompañemos los servicios religiosos a través de internet. Pero esa virtualidad no altera la aspiración de que nuestra energía se una al Creador con el anhelo de un tiempo íntegro de encuentro. Desde de esa profunda devoción solidaria que surge de nuestro ser, podremos atravesar esta tormenta con la menor cantidad de enfermos y fallecidos. Así, marcando un nuevo tiempo, a diferencia del cuadro de Dalí, nuestros relojes se volverán sólidos y consistentes.