Miércoles 24.02.2021

george spencer

El tío tatarabuelo de Lady Di que el Papa encaminó a los altares

Francisco reconoció las virtudes heroicas del Siervo de Dios Ignacio de San Pablo, de los religiosos pasionistas. Era sacerdote de la Iglesia de Inglaterra, pero se convirtió al catolicismo y dedicó años a los inmigrantes irlandeses pobres.
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El Papa Francisco ha aprobado, este sábado 20 de febrero, “las virtudes heroicas del Siervo de Dios Ignacio de San Pablo (nacido George Spencer), sacerdote profeso de la Congregación de la Pasión de Jesucristo; nacido el 21 de diciembre de 1799 en Londres (Inglaterra) y fallecido en Carstairs (Escocia) el 1 de octubre de 1864”, según señala el decreto presentado por la Congregación para las Causas de los Santos.

El nuevo venerable Spencer es tío tastatarabuelo del príncipe Guillermo de Inglaterra, duque de Cambridge y segundo en la línea de sucesión. El apellido secular del pasionista evidencia la conexión a través de Lady Di y la familia Spencer. Ignacio de San Pablo fue el nombre adoptado por el sacerdote tras abandonar la Iglesia anglicana por la católica. Ejerció su ministerio entre los emigrantes irlandeses pobres de las West Midlands.

El sacerdote era tío abuelo de Diana Spencer y también tío abuelo del famoso estadista británico Winston Churchill, según recoge la web de la diócesis católica de Shrewsbury.

Tales son los lazos de sangre entre George y Diana de Gales, que ambos se criaron en Althorp, la finca de 1.500 hectáreas ubicada a 120 kilómetros de Londres, que desde hace más de cinco siglos pertenece a la familia.

El vínculo de George con la histórica mansión no se redujo solo a la infancia, sino que cuando se hizo sacerdote de la Iglesia de Inglaterra, algo habitual entre los hijos menores de los nobles «british», estuvo a cargo de la pastoral de las aldeas de la zona.

Por eso, los Spencer se llevaron un disgusto cuando George decidió con 31 años pasarse al catolicismo y tan solo dos años después, el 26 de mayo de 1832, se ordenaba sacerdote fiel a Roma. A partir de ese instante y, arropado por un bagaje intelectual incuestionable, se erigió como apóstol de la unidad cristiana, con la conciencia de que católicos y anglicanos debían buscar la comunión, profeta de ese ecumenismo que ahora está retomando el Papa Francisco.

Su delicada salud le llevó a reducir esta actividad evangelizadora para ejercer como director espiritual de los estudiantes del Oscott College, cerca de Birmingham. Como método para ganarse la confianza de los jóvenes, no solo ejercía de asesor espiritual, sino que además les enseñaba a jugar al cricket, una de sus pasiones personales, pero también uno de los deportes vinculados a su estirpe.

Poco después se planteó su vocación como consagrado y en diciembre de 1846 entraba en la casa del noviciado de los pasionistas en Aston Hall. Tras profesar como religioso «rebautizado» como Ignacio, estuvo destinado en Irlanda, Bélgica y Holanda. Pero, sin duda, su fama de santidad creció cuando regresó a Inglaterra, Irlanda y Escocia, donde se volcó en el acompañamiento a los migrantes irlandeses que vivían bajo el umbral de la pobreza. De su mano, las conversiones al catolicismo se multiplicaron hasta su repentino fallecimiento.

Proclamado «venerable»

Desde 1973, los pasionistas–congregación fundada en Italia en 1702 por San Pablo de la Cruz– vienen trabajando en el proceso para que la entrega de Ignacio de San Pablo sea reconocida por Roma, un esfuerzo que ahora se ha visto recompensado al proclamarlo «venerable». De hecho, no son pocos los santos y mártires de la Congregación de la Pasión, desde Santa María Goretti a los beatos mártires de Daimiel de la Guerra Civil. Ahora, para dar un paso más en su beatificación, será necesario que se reconozca un milagro por su intercesión. Y, para ser santo, otro milagro más.


Fuente: Vida Nueva / La Razón