En defensa de la justicia social

Por: Daniel Goldman

Organismo pionero. El arduo trabajo del Movimiento Judío por los Derechos Humanos contra la dictadura militar.
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El número pasado de este suplemento contenía un conmovedor artículo escrito por mi querido hermano Guillermo Marcó, que daba cuenta del profundo compromiso de la tarea de Monseñor Angelelli, quien conocido por su preocupación por los perseguidos y los más necesitados fuera asesinado por el régimen dictatorial en agosto de 1976. En paralelo a su nota, comparto con ustedes la historia del Movimiento Judío por los Derechos Humanos (MJDH), surgida en la misma y aciaga época.

Entre sus fundadores se destacan los rabinos Marshall Meyer, Roberto Graetz y el periodista Herman Schiller. Siendo que en un principio la tarea de denuncia la realizaban de manera individual a partir de sus congregaciones y publicaciones, la tensión y los desencuentros con sectores de la dirigencia comunitaria condujo a los tres líderes a aunar fuerzas y batallar juntos contra la política represiva que estaba llevando a cabo la dictadura militar. A sus oídos llegaban testimonios en busca de ayuda ante el vejamen y el antisemitismo que sufrían tanto los presos a disposición del Poder Ejecutivo Nacional como desaparecidos.

A mediados de 1979, Schiller propuso juntarse para denunciar lo que estaba ocurriendo en el país. La organización fue innovadora en la Argentina no solo por su misión, sino también porque se trató de la primera agrupación que decidió usar en su nombre identitario la palabra “judío”, ya que la misma era tomada en forma peyorativa (hasta hace no muchos años fue sinónimo de “avaro” para la Real Academia Española). El nuevo organismo debía recapturar el profundo orgullo de utilizar el término “judío” sin prejuicios, más aún para enarbolar la bandera de los Derechos Humanos.

Su texto fundacional rezaba que “El MJDH surge para recrear, la milenaria vocación humanística y de justicia social que emana de las fuentes del judaísmo, de los Profetas de Israel, de la legislación bíblica y talmúdica que, en tiempos de esclavitud, injusticia y corrupción, supieron enseñar a la sociedad y erigirle valores éticos tales como la igualdad social, el debido sometimiento a la Ley, la libertad y sobre todo el compromiso con la sociedad. El Movimiento lucha con los demás sectores democráticos del país para erradicar definitivamente la tortura, el secuestro y la intolerancia”.

La aparición del MJDH fue un hito fundamental en la historia de la colectividad local.

También merece recordarse en Brasil la actividad del rabino Henry Sobel de la Congregación Israelita Paulista. Cuando fue asesinado el periodista Vladimir Herzog en Sao Paulo en 1975, dicha muerte quiso ser disimulada como suicidio. Pero Sobel, al revisar el cuerpo del periodista para su entierro, advirtió las señales de tortura. A riesgo de su vida contradijo públicamente la versión oficial del suicidio y este compromiso del rabino fue uno de los catalizadores para el regreso de la democracia a nuestro vecino país.