Miércoles 24.04.2019

ENTRE EL CIELO Y LA TIERRA

En defensa de toda vida humana

Por: P. Guillermo Marcó

La reciente marcha ante la violencia contra la mujer fue una propuesta muy encomiable que tuvo un amplio eco. Sin embargo, hubo quienes la usaron para incluir entre las demandas la despenalización del aborto.
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Recientemente se celebró el Día del periodista. El oficio de periodista tiene aristas muy variadas y complejas. Según sea el periodista, es decir, de acuerdo con su visión del mundo, su educación, sus ideas políticas o religiosas, tendrá una cosmovisión que teñirá sus juicios. La verdad periodística es poder narrar o trasmitir un acontecimiento, algo que ocurre o que ocurrió, y que puede ser documentado o estudiado desde diversas fuentes lo más objetivamente posible. El vértigo de hoy impide muchas veces chequear rigurosamente las fuentes y los datos ante la necesidad de dar una primicia. Es distinto cuando un periodista publica un libro, en el que ha trabajado por años, juntando material y entrevistando numerosas personas. A lo largo de sus páginas uno puede llegar a una idea más precisa de lo que se quiere trasmitir.

Cada vez es más común el periodismo de autor. Es decir, uno va al diario y luego de leer los titulares sólo se detiene en la nota de un autor determinado que le interesa, sea por su estilo, sea por su veracidad. No es más que ejercitar la fe humana. La fe es creerle a un testigo, pensar que no me miente cuando me informa sobre una realidad. La fe sobrenatural es creerle a Dios, pensar que no me miente cuando me enseña a cerca de las cosas del cielo y la tierra.
Esta introducción me sirve para hablar de un tema en donde se ha puesto en juego nuestra credibilidad: la difundida marcha: “Ni una menos” ante la violencia contra la mujer. Me parece terrible la violencia, sobre todo cuando la víctima es más débil. La violencia de género se cuenta entre estos casos. Sin embargo, en la marcha se coló entre las demandas que le hacían firman a los desprevenidos asistentes -porque no sé si todo el mundo conocía esa petición- el pedido de que no haya “ni una menos” muerta por abortar.

Me sorprende la incoherencia que tiene este pedido ya que cabría la consigna “ni una menos” para una víctima del aborto. ¿Acaso no es un atentado contra un ser en gestación de parte de quienes deberían amparar su vida: la madre y el médico? La discusión sobre el aborto ya no es un tema religioso. En el pasado, la Iglesia intuyó sin poder probarlo que había vida desde la concepción. Hoy lo prueba la ciencia: el código genético, los tratamientos de fertilidad asistida, el congelamiento de embriones. ¿Se puede argumentar que la mujer tiene derecho a disponer de su cuerpo cuando en realidad está alojando a otro ser humano que depende de ella para nacer?

Nos conmovimos hasta las lágrimas viendo en los noticieros a ese pobre bebe que fue arrojado en un bolso a orillas del Riachuelo con papel higiénico en la boca para que no llorara, que fue encontrado por alguien que pasaba por ahí y que lo rescató y llevó a un hospital. ¿Es diferente porque lo vimos? ¿Hasta donde llega nuestra deshumanización que un novio mata a su novia embarazada (ella quería tener a su hijo y se negaba a abortar) y la entierra con la ayuda de su familia?

Es importante hoy en día buscar la verdad de las cosas, no engañarnos. Hacer firmar a la gente un petitorio sin advertirle que detrás de una buena causa había otras cosas, como la despenalización del aborto, la convierte en mentirosa y termina, como tantas cosas en la argentina, bastardeando algo que nos movilizó desde el alma.
Asumamos firmemente nuestro compromiso por “Ni una menos”, pero en todo caso incluyendo a las vidas en gestación.