UN HERMANO DICE QUE ELLA NO PIERDE SU SENCILLEZ

“En Tucumán Lucía es muy conocida”

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Sor Lucía siempre rompió esquemas. Desde que siendo una adolescente manifestó su vocación religiosa, su padre -un médico descendiente de libaneses que abrazaba un catolicismo tradicional- se oponía a que ingresara al noviciado porque consideraba que no era para ella. “Vos sos muy rebelde”, le decía. Pero ella se salió con la suya. A los 18 años entró a un convento de clausura y, si bien estuvo allí seis años, más temprano que tarde descubriría que “mi claustro es el mundo” -como titula uno de sus libros- y comenzaría una gran obra solidaria.

Nacida y criada en San Miguel de Tucumán, es la quinta de once hijos, dos fallecidos a poco de nacer. Comenzó a manifestar su religiosidad de niña cuando, por caso, les transmitía el catecismo a sus compañeras. Mientras que su preocupación por los demás quedó en evidencia en la escuela secundaria. Tras ingresar en la congregación de las religiosas dominicas y su permanencia en un convento de Buenos Aires, el vuelco en el perfil de su opción religiosa se inició a partir de que una superiora le dijo que quería que se radicara en España.

Inicialmente, estuvo en un convento en Valencia, luego en otro cerca de Barcelona donde encaró su “revolución” solidaria. Ernesto -uno de sus hermanos que es médico- dice que como las instalaciones del convento eran enormes y solo había cuatro monjas resolvió dividirlo en varias partes donde creó centros de atención a indigentes, adictos y refugiados.

“Al principio fue muy resistida por las autoridades eclesiásticas, poco menos que la querían excomulgar, pero finalmente aceptaron su enorme obra”, señala. Ernesto asegura que pese a su gran actividad Lucía llama todos los días a su madre de 91 años. Y cada dos o tres años visita Tucumán para estar con ella y toda su familia, que incluye a veinte sobrinos

“Cuando viene y camina por las calles -cuenta- todo el mundo la reconoce y quiere saludarla, pero no pierde su sencillez y quiere ser una más”. Destaca que esta en contacto permanente con el Papa, quien la alienta a seguir adelante. “Lucía -completa- tiene mucha fuerza y encima Francisco le mete más ficha”.