opinion - autor: José Ignacio López

Entrega abnegada

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Era una Navidad diferente para todos, aquella en la que el papa polaco no vaciló y tampoco lo hizo el cardenal de hablar cadencioso al que le confió la tarea. Había truenos de guerra allá en el Sur de ese Continente al que Wojtyla no conocía aun pero al que visitaría una y otra vez. Samoré fue así el precursor del Papa peregrino. Los centuriones, las dictaduras, habían decidido el desvarío. Con un puñado de periodistas lo vi llegar, ir y venir a un lado y otro de los Andes. Fui testigo de su entrega generosa a favor de la paz. También de la ansiada tregua y de la ardua mediación a la  que el cardenal entregó su vida. Después llegó la propuesta del Pontífice sometida a las disputas y mezquindades intestinas del poder militar.
Quizás haya sido la lucecita del cardenal Samoré, ya desde el Cielo, la que le concedió al mismo periodista la gracia de ser testigo privilegiado de la defin-itiva paz que solo alumbró con la democracia.