Miércoles 10.08.2022

MUSULMANES

Federico II, el emperador cercano a los musulmanes

Por: Ricardo Elía

El rey siciliano, hombre instruido y sabio, admiraba la cultura islámica, dominaba el árabe y respetaba su fe.
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El emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Federico II de Hohenstaufen (“Alta Staufen”, un castillo de Suabia, Alemania), que vivió entre 1194 y 1250, fue el autor intelectual de un movimiento religioso, cultural y social único, sin precedentes. Sus efectos conmovieron al mundo de su época y perduraron en la conciencia religiosa de Italia.

Lo que caracterizó por sobre todo la renovación intelectual dirigida por Federico fue su sentido de la convivencia y el predominio de la cultura islámica. Paradójicamente, el nombre Federico, en alemán Friedrich, significa “Señor de la Paz”. En una época en que los reyes sólo sabían hablar y escribir (algunos, ni esto último) en su lengua nativa, Federico II podía hablar en nueve idiomas y escribir en siete (alemán, siciliano, francés, griego, latín, árabe y hebreo).

En 1224 fundó la Universidad de Nápoles. Hasta las mujeres podían estudiar en las universidades de Federico, algo que no sucedió en el resto de Europa hasta el siglo XVIII, y de hecho destacaron como profesoras y en el ejercicio de la medicina.

Palermo, la sede de su corte, se convirtió en un gran centro cultural, en el que, tanto cristianos como musulmanes y judíos, trabajaron juntos. Se creó en Palermo una Escuela de Medicina, con aportaciones de la ciencia griega y árabe. Y Federico II hizo traducir a Averroes, su filósofo predilecto. Era tan aficionado a las matemáticas que persuadió al sultán de Egipto Malik al-Kamil (1180-1238), sobrino de Saladino, con quien mantuvo una particular amistad, a que le enviara el famoso matemático y astrónomo Alam al-Din al-Hanafi (1178- 1251). En su corte fueron patrocinados los matemáticos Leonardo Fibonacci (1270-1250), que había estudiado el álgebra de Al-Juarismi (780-50), y el filósofo y médico Michael Scot (1175-1232), este último de origen escocés y traductor de Averroes.

En 1229, el emperador, al tiempo que negociaba con el sultán ayubí del Cairo, cargaba de preguntas sabias a los embajadores y cortesanos musulmanes para los doctores de Al-Ándalus, Irak, Marruecos, Egipto y Siria.

Federico como comandante general de la sexta cruzada (1228-1229) logró la temporal cesión de Jerusalén gracias a un acuerdo secreto con el sultán Malik al-Kamil, el mismo que había dialogado con San Francisco de Asís en Egipto diez años antes durante la quinta cruzada.

Federico demostró, con la conducta de toda su vida, hasta qué punto convenía el eclecticismo, el racionalismo y la búsqueda del conocimiento de los eruditos musulmanes, consejeros permanentes de su corte.

Federico II admiraba el arte, el lenguaje y la ciencia del Islam y, en la cruzada que realizó de mala gana, logró hacer tratos sin derramar una gota de sangre de los ejércitos cristianos y musulmanes gracias a sus habilidades estratégicas y diplomáticas. Fue el único gobernante cristiano más respetado por los musulmanes porque conocía sus costumbres, hablaba su idioma y respetaba su fe. Su manto imperial rojo púrpura estaba bordado con símbolos árabes, y su guardia personal eran guerreros musulmanes. Permitió que el Islam se practicara en su reinado libremente.

En Lucera, uno de sus castillos de frontera, el emperador creó una colonia a la cual llevó a veinte mil musulmanes. Fue aquel un pueblo donde se hablaba árabe en medio de la Italia cristiana. Lucera fue conocida en latín como Lucera Saracenorum (Lucera de los Sarracenos), una ciudad en la actual provincia de Foggia (Apulia), a 240 kilómetros al sudeste de Roma.

Federico promovió los parámetros de la arquitectura islámica y gobernó la fusión estilística de los elementos islámicos y clásicos en la construcción de edificios y castillos. Fue el primer estudioso de la ornitología y un apasionado del arte de la cetrería árabe. Redactó un manual, De arte venandi cum avibus (Sobre el arte de cazar con aves).

Cuando el 13 de diciembre de 1250 murió en Castel Fiorentino, Apulia, Federico recibió los últimos sacramentos cristianos vestido en un hábito cisterciense. Sin embargo, hizo que lo enterraran con el abrigo rojo que llevaba las palabras bordadas por sus amigos en árabe. “Este es un obsequio para el sultán”.

Su hijo Manfredo continuó la obra de su padre, pero con su muerte a los 34 años en la batalla de Benevento (1266) desapareció el reino más pluralista y tolerante de la Baja Edad Media.

Tanto a Federico II como al rey normando Roger II (1101-1154), se les conoció como los “sultanes bautizados de Sicilia” por su rica interacción y fraternal amistad con los musulmanes.