BALANCE. DE CARA AL AÑO DE LA MISERICORDIA

Francisco, en todos los frentes

Por: Sergio Rubin

El Papa termina otro año intenso. Difundió la primera encíclica ecológica, renovó su compromiso social en sudamérica, sorteó con éxito su paso por EE.UU., logró que primara una actitud abierta en el sínodo de la familia y se animó a ir a Africa.
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Fue otro año intenso de pontificado. Al mejor estilo de Francisco. El Papa argentino continuó con sus viajes por el mundo llevando su mensaje de fe y esperanza, siempre privilegiando su cercanía a los más necesitados y reafirmando su liderazgo mundial como constructor de puentes entre los pueblos y las religiones en pro de la justicia y la paz. A la vez que asumió un firme compromiso en favor del medio ambiente, sabiendo que los más perjudicados por la degradación son los pobres. También continuó avanzando en su propósito de perfilar una Iglesia más acogedora, alegre y comprometida. Hacia el final, de cara al nuevo año, inauguró un jubileo clave para la revolución cultura de la ternura que anhela dentro del catolicismo de comienzos del Tercer Milenio.

Sin duda, el primer hito de su papado en 2015 fue la difusión de su encíclica Laudato Si (Alabado Seas), que significó una aproximación integral al problema del cambio climático y la contaminación ambiental (por lo que no fue una encíclica verde sino social, aclararon en el Vaticano). La primera sobre esta cuestión. Y si bien Francisco no fue el primer pontífice en ocuparse del medio ambiente -la “casa común”-, sí fue el primero que más se involucró. El tiempo dirá cuánto influyó su dedicación para que la cumbre de París llegara, al menos en lo declarativo, a un acuerdo histórico.

Luego vino su viaje a países sudamericanos de menor peso específico: Ecuador, Bolivia y Paraguay. Toda una señal de la preferencia de Francisco por las periferias geográficas, además de las existenciales. De entre todas sus actividades en aquel periplo sobresale, por lo descarnado, su discurso a los movimientos populares en Santa Cruz de la Sierra y su reconocimiento a tres derechos fundamentales resumidos en tres palabras: tierra, techo y trabajo, las ya famosas tres “T”, ciertamente inspiradoras en el quehacer social.

Después llegó un viaje que se presumía completo: Cuba y los Estados Unidos. Francisco ayudó al restablecimiento de relaciones entre ambos países, pero las libertades aun siguen suprimidas en la isla. Norteamérica miraba con recelo al Papa por sus críticas al consumismo. Sin embargo, su gira superó todas las expectativas.

Logró sortear airoso, no sin sobresaltos, la intensa segunda parte del Sínodo sobre la Familia. Ahora, debe decidir qué asume de sus propuestas, entre ellas que se estudie caso por caso la situación de los divorciados en nueva unión. La filtración de informes económicos del Vaticano, que patentizan la resistencia a la depuración que quiere el Papa fue otro momento de tensión, que Francisco afrontó con firmeza. “Nada detendrá las reformas”, avisó.

Hacia el final, se animó a viajar a Africa, pese corría riesgo su seguridad. Ahora, el Año de la Misericordia es para él una ocasión privilegiada para mostrar que el cristianismo es sobre todo amor.