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Francisco sigue adelante

Por: Sergio Rubin

En su segundo año calendario, el Papa siguió alentando una Iglesia más acogedora y buscó potenciar su perfil misionero. A la vez, avanzó en el diálogo ecuménico e interreligioso. Pero afronta resistencias.
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El segundo año calendario del Papa Francisco, que está terminando, volvió a mostrar a un pontífice muy activo en todos los frentes, comenzando por sus acciones en pos de su gran objetivo: revitalizar a la Iglesia con una actitud más acogedora y cercana a los que sufren diversas situaciones, sobre todo a los más pobres. Y procurando que ésta salga decididamente al encuentro  de la gente -a las periferias geográficasy existenciales, como le gusta decir-, con el mensaje de salvación 
del Evangelio, poniendo por encima de todo su principal mandamiento: el amor. Pero también tratando de avanzar en la unidad de los cristianos y en el diálogo interreligioso y, en fin, procurando contribuir con todos los católicos a la construcción de un mundo mejor, en paz.
Si durante su primer año Francisco logró cambiar el clima en una Iglesia muy golpeada por escándalos varios con sus actitudes de austeridad, comprensión y alegría - despertando un gran entusiasmo que no decrece-, en su segundo año buscó progresar en el rediseño de la curia romana y la transparencia de sus finanzas, además de dotar a la institución de una mayor colegialidad. En definitiva -junto con el más importante: la revitalización del accionar religioso-, todos
estos fueron los grandes desafíos que los cardenales definieron para el nuevo pontificado en los debates previos a su elección como Papa. A lo que seguramente hay que agregar un combate más enérgico a los casos de pedofilia en el clero que, incluso personalmente, viene asumiendo Francisco.
Con todo, el aspecto si se quiere más novedoso de su segundo año hacia el interior de la Iglesia fue el debate que abrió el Papa sobre el modo en que el catolicismo debe afrontar los retos en materia familiar. La primera parte del Sínodo de la Familia -tras una amplia consulta a todas las diócesis- disparó discusiones apasionadas. El meneado tema de la prohibición de comulgar que pesa sobre los divorciados en nueva unión fue la cuestión más sensible, pero no la única. Y si bien Francisco procura mantenerse por ahora equidistante, es evidente que está buscando una actitud más comprensiva. Ahora se viene una nueva consulta a las
diócesis y un segundo sínodo en octubre que deberá elevar sus propuestas al Papa, quien finalmente decidirá cuáles acepta.
De todas maneras, este segundo año dejó bien en claro que en su empresa reformista el Papa “tiene mucha oposición dentro y fuera de la curia y él lo sabe”, como dijo días pasados el fundador de la  Comunidad San Egidio, Andrea Riccardi. Pese a sus aclaraciones de que en el sínodo “ninguna intervención puso en entredicho las verdadesfundamentales del sacramento del matrimonio”, hubo sectores minoritarios, pero muy vehementes, que resistieron cualquier atisbo de
debate. A lo que habría que agregar que es evidente que hay miembros del clero que rechazan una concepción más despojada de la institución, acaso acostumbrados a una posición acomodada. Para ellos, el Papa es una amenaza, aunque vistan sus argumentos con cuestiones doctrinales.
En el plano interreligioso, acaso la imagen más fuerte del Papa en este 2014 haya sido el emotivo abrazo  frente al Muro de los Lamentos con otros dos argentinos:  el rabino Abraham Skorka y el dirigente islámico Omar Abboud, en el marco de su histórico viaje a Tierra Santa. Y así como en 2013 su Jornada de Oración por Siria fue el gesto más elocuente a favor de la paz, este año lo constituyó el encuentro para rezar por Medio Oriente en los jardines vaticanos junto con los presidentes de Israel, Shimon Peres, y de Palestina, Mahmoud Abbas. Si de salir a las periferias geográficas se trata, el viaje de Francisco a Corea -donde fue recibido por una fervorosa multitud- mostró a un Papa preocupado por expandir archivo la presencia del Evangelio en Asia. Además de convertirse en el primer pontífice en obtener la autorización para volar espacio aéreo chino, a la vez que encaraba nuevas gestiones para un acercamiento con Beijing. Luego llegaría su viaje a Estrasburgo, donde invitó a Europa a ser más solidaria y no olvidar sus raíces cristianas.
 Finalmente, su visita a Turquía fortaleció los lazos con la Iglesia Ortodoxa, en un nuevo hito ecuménico en pos de la unidad. Y fue también una ocasión para estrechar lazos con el Islam. La cercanía balance un pontifica do ac tivo en todos los frentes y muy popular con Siria e Irak, azotados por las milicias de Estado Islámico, le permitió otra de sus tantas condenas al fundamentalismo y un renovado llamado a la comunidad internacional para que, dentro del ordenamiento legal, se frene la masacre a tantos cristianos, pero también a islámicos.
El 2015 será para Francisco otro año intenso y desafiante. Con giras clave a varios países, entre ellos los Estados Unidos. Para afrontarlo el Papa argentino contará con el poder de la oración y un pueblo que lo ama profundamente.