Jueves 13.06.2024

En el juicio por malversación de fondos

Fuerte cruce entre el cardenal Becciu y una relacionista pública

Francesca Chaouqui, ex colaboradora de la comisión de Economía del Vaticano, negó haber influido en el testimonio de un ex funcionario de la curia que incriminó al purpurado en una mala operación financiera. Becciu contragolpeó: "Ella lo extorsionó".
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Hernán Reyes Alcayde

Extravagante como tiene acostumbrado al mundo vaticano desde el inicio del pontificado de Francisco. Autoincriminatoria, al reconocer que se llevó a su casa parte de los archivos de la Cosea en la que sirvió (¿sirvió?). Diciendo que "nunca" mandó mensajes amenazantes pero sin palabras cuando se leyó en el aula un texto suyo con chantajes sobre la vida privada de un monseñor. Portadora de una "cara de piedra" por la que, según reveló una de sus amigas, quiso ser la agencia de comunicación oficial del proceso que se sigue por la compra del Palacio de Londres. Aunque no se crea: Francesca Chaouqui ataca de nuevo.

Es así: la relaciones públicas condenada en 2016 a diez meses de prisión por filtrar documentos clasificados, volvió ahora al centro de la escena del Vaticano al declarar en el juicio que investiga al cardenal ex "número tres" de la Santa Sede Angelo Becciu y a otras nueve personas por supuesta malversación de fondos y estafas financieras.

En una audiencia sin pausa de más de siete horas ste viernes, Chaouqui buscó despegarse de las acusaciones formuladas por otra laica vaticana de que fue la encargada de confeccionar la principal prueba acusatoria contra Becciu y los otros sentados en el banquillo.

Así, Chaouqui negó de forma rotunda haber influido sobre el testimonio del monseñor Alberto Perlasca, un excolaborador de Becciu en la secretaría de Estado del Vaticano que se convirtió en el principal testigo de la fiscalía con una declaración por escrito que lo salvó de estar del lado de los acusados.

La audiencia estuvo destinada a descifrar qué rol tuvieron Chaouqui y su amiga Genoveffa "Genevieve" Ciferri en la acusación que formuló Perlasca en agosto de 2020.

Chaouqui fue condenada en 2016 a diez meses de prisión, aunque la pena quedó suspendida, mientras que el principal imputado, el sacerdote español Lucio Ángel Vallejo Balda, fue sancionado con 18 meses de reclusión, pero el papa Francisco le concedió la libertad condicional.

Durante las declaraciones, Chaouqui negó haber armado la declaración del monseñor o haber amenazado a Perlasca con divulgar información de su vida privada a cambio de incriminar a Becciu, con quien la operadora y relacionista pública se había enfrentado en 2015.

"Nunca, nunca mandé mensajes de amenazas", aseveró en una declaración en la que demostró que durante años buscó ser readmitida en los círculos vaticanos tras la condena de 2016,

Ciferri, que declaró antes, planteó en cambio que fue Chaouqui quien buscó convencerla de armar la causa contra Becciu en supuesta connivencia con el promotor de Justicia (fiscal) Alessandro Diddi.

Tras los testimonios de Ciferri y Chaouqui, en una declaración espontánea, Becciu reveló que ya en 2013, cuando había sido nombrada dentro de una comisión económica armada por el Papa, la relacionista pública "tenía malas referencias" en la secretaría de Estado, al tiempo que criticó que se hubiera llevado a su casa documentación reservada, con la que supuestamente haría extorsionado a Perlasca.

En un principio, Perlasca había afirmado haber redactado las memorias de forma independiente; sin embargo, en la última vista dijo no recordar quién le había ayudado a escribir estas páginas ambientadas en el inédito formato de preguntas y respuestas, en las que también trataba temas no relacionados con el juicio.

La decisión del Vaticano de abrir una nueva línea de investigación sobre la autenticidad del escrito de Perlasca se dio a fines de 2022, horas después de que se conociera que Becciu grabó una conversación privada que había tenido con Francisco para buscar que el pontífice lo apoyara en su línea sobre uno de los temas que se deciden en juicio, la posible malversación de fondos vaticanos en el pago del rescate de monjas en Malí.

Antes de la audiencia de hoy, en un diálogo con los periodistas en la puerta del Vaticano, Chaouqui había planteado que está "de regreso, al lado, del Santo Padre", dando a entender un apoyo jamás confirmado del Papa. "No hay nada que haya hecho, que vaya a hacer, sin que el Papa Francisco esté informado", insistió.

Desde julio de 2021, Becciu es juzgado por "peculado y abuso de poder", junto a otras nueve personas y cuatro empresas, en la causa que investiga supuestos fraudes con la compra de un edificio en Londres por casi 200 millones de euros, en el primer juicio vaticano de la historia con un purpurado en el banquillo.

En septiembre de 2020, al inicio de una investigación en la que también están imputadas otras nueve personas por supuestas irregularidades, Becciu renunció al cargo que tenía como responsable de la Congregación para las Causas de los Santos y, además, "a los derechos relacionados con el cardenalato", en una decisión sin precedentes modernos, y que incluso excluye al cardenal de los derechos de participar de un futuro cónclave.

En su declaración espontánea de hoy, Becciu reveló además un intercambio con el Papa de agosto del año pasado, en el miércoles en que Chaouqui había participado al "bacciamano" de la Audiencia General. El cardenal, que de alguna forma recrimina al pontífice haber recibido aunque sea de esa forma publica a su acusadora, obtiene de todos modos como respuesta una misericordiosa carta de Jorge Bergoglio que pide perdón en caso de haberlo lastimado.

Un papa Francisco que se vio traicionado por sus colaboradores y que, de todos modos y una vez más, muestra que la misericordia y el perdón son dos gracias concretas que aplica una y otra vez. Como ese 19 de agosto en el que admitió a Chaouqui en una audiencia general después de que le hubiera robado documentos y esa misma tarde al responder a un Becciu que está siendo juzgado por el presunto robo del dinero de los pobres con un tono conciliador.

Fuente: RD