LOS PRIMEROS PASOS DE FRANCISCO

Hacia dónde va el Papa

Por: Sergio Rubin

Para tres expertos, las muestras de austeridad y cercanía de Jorge Bergoglio señalan un camino para revitalizar la acción religiosa. Y la creación de una comisión de cardenales, su decisión de avanzar en la reforma de la curia romana y en dotar de mayor colegialidad a la Iglesia.
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Desde su aparición en el balcón de la basílica de San Pedro, el Papa Francisco se ganó el corazón de los católicos y de todos los hombres y mujeres de buena voluntad con sus gestos de sencillez, austeridad y de cercanía, especialmente de los que más sufren. Y, si bien la apreciación es ya un lugar común, lo cierto es que su irrupción como pontífice le significó un soplo de aire fresco a una Iglesia con dificultades internas, como las pujas en el Vaticano que reveló el Vatileaks, y otros enormes desafíos externos, como la pérdida de fieles y la escasa práctica religiosa en un mundo con creciente indiferencia religiosa. En los plenarios de cardenales previos al cónclave, hubo un extendido acuerdo en que el nuevo pontífice, entre las cuestiones prioritarias, debía encarar una reforma de la curia romana, avanzar en una mayor colegialidad y promover una revitalización de la acción religiosa. ¿Cómo deben leerse los primeros pasos de Francisco en orden a esos retos? Para tres expertos consultados por VR, los primeros gestos del Papa no sólo deben evaluarse por lo bien que cayeron, sino por su significación dentro de la propia Iglesia, al mostrar a un Papa que asume
e invita a todos los católicos a ser fieles al espíritu evangélico, el mejor punto de partida para responder a los desafíos. Para el rector de la UCA, padre Víctor Manuel Fernández, Francisco “provocó en poco tiempo una gran simplificación de la figura papal que le devuelve su perfume evangélico”, si bien señala que esos gestos “no son una novedad para nosotros; lo que ocurre es que Jorge Bergoglio no dejó de ser él mismo”. En el caso específico de su austeridad, considera que “no conviene interpretarla simplemente como ascesis o amor a la pobreza, sino que es una opción marcadamente pastoral: volverse pobre, sencillo, cercano, de manera que todos, especialmente los pobres, sientan que el pastor es uno de ellos, accesible, hermano, disponible”. Por su parte, la hermana Josefina Llach, licenciada en Teología y en Educación, puntualiza que en los gestos de Francisco “hay una fuerte imagen cristológica: la sencillez habla de la dignidad humana y del mutuo encuentro”. Y señala que mostrarse con gestos fue “una de sus mejores cosas porque es un lenguaje gráfico, comprometido, indiscutible: desde los zapatos negros hasta el beso al discapacitado; ejerció su autoridad para pedirnos la bendición y el rezo, para dar a quien lo cuida durante la noche una silla y un sándwich”. En ese sentido, Carlos Custer, ex embajador ante El Vaticano, opina que “un Papa cercano, humilde y austero, no sólo le hace bien a la imagen de la Iglesia, sino que se convierte en un modelo para obispos, sacerdotes, religiosas y laicos. Además, su preocupación por los pobres -que no es de ahora, acota- es también un ejemplo y una clara ‘opción preferencial’ para la Iglesia; una Iglesia pobre al servicio de los pobres, como él dijo”. En cuanto a los temas puntuales como la reforma de la curia y la colegialidad , los expertos coinciden en que el hecho de que Francisco haya conformado una comisión de ocho cardenales de los cinco continentes para estudiar los cambios revela su decisión de avanzar desde el vamos en la reorganización, y de hacer más participativas las decisiones. “La conformación de una comisión de ocho cardenales de todos los continentales en orden a pensar una reforma de la curia romana es ya una decisión que apunta a una mayor colegialidad”, sintetiza el padre Fernández. Con todo, señala que “conociendo su estilo, las reformas concretas llevarán su tiempo, porque él prefiere cambios lentos, pero consensuados y seguros”. De hecho, Custer cree que la reforma de la curia, como otras cuestiones clave que deberá afrontar, “requerirán un tiempo para evaluar y concretar los cambios necesarios. Pero lo importante - subraya- es iniciar el camino”. En orden a la colegialidad, la hermana Josefina califica de “notable” que Francisco “se haya presentado, al salir por primera vez al balcón, como el obispo de Roma, un primus inter pares. Su condición sacramental es la de ser obispo, lo de Papa es importante, pero es ‘sólo’ un nombramiento, una elección hecha entre paredes. Así como haber creado la comisión de cardenales “para que lo ayuden a gobernar; así -señala- el centro se traslada al `mundo’ y casi, casi a la ‘periferia’. Eso es ser católico. El gobierno no se hará desde Roma solamente, sino desde una red que cubre la diversidad de las zonas
del mundo, y a la vez con relativamente pocas personas: ocho, lo cual indica que puede ser un órgano ágil, menos burocrático”. Con relación a la revitalización de la acción religiosa que se viene llamando nueva evangelización, la hermana Josefina Llach opina que “el primer avance del Papa en este aspecto fue su nombre: Francisco.
Ahí están los pobres del mundo y la pobreza para la Iglesia; la sencillez y la alegría; la paz y la fraternidad. Todo el mundo entendió esto como nueva evangelización; hay el sentimiento en miles de personas de que aquí hay algo nuevo. Y así confesar y salir a anunciar a Jesús; ir a buscar a la gente para lavarles los pies, sonriendo y empezando por los más pobres”. De todas maneras, el padre Fernández aclara que a Francisco “no le gusta que se hable de ‘nueva evangelización’ como si hubiera que empezar de cero, como si el mundo estuviera apagado, privado de toda luz, o como si los pobres fuesen ignorantes que hay que educar. Más bien insistirá en partir de lo que Dios sembró para hacerlo crecer”. Y redondea: “En ese caso, la evangelización será nueva por su ardor renovado, o por su lenguaje y sus métodos, que se adaptan a las nuevas realidades”. Por lo demás, Custer considera que el Documento de Aparecida,
del que Bergoglio fue uno de los grandes artífices, aportará “elementos claves” a su papado ante los desafíos y perspectivas de la nueva evangelización. Al fin, los expertos creen que Francisco dará nuevos bríos al ecumenismo y al diálogo interreligioso. El padre Fernández dice que esas expectativas tienen su fundamento en lo que Bergoglio hizo como arzobispo porteño: conceder un doctorado honoris causa a un rabino; compartir con él un programa de TV, o participar de un retiro con pastores. Y concluye: “Creo que protagonizará gestos aún más significativos”.