entre el cielo y la tierra

Hacia una mayor calidad institucional

Por: P. Guillermo Marcó

Las recientes elecciones profundizaron el deterioro de las reglas de juego. Por eso, la Iglesia, otras confesiones y medio centenar de ONGs plantearán por tercera vez desde la crisis de 2001 la reforma política. ¿Será la vencida?
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Todos los días leemos sobre los reacomodamientos de cara a las elecciones presidenciales del 2011. Quienes se postulan dejan entrever una trama de acuerdos, desavenencias y, también, de  Que - vos posicionamientos. Dentro del peronismo, los mismos que defendieron el modelo neoliberal de la década de los ‘90, que propusieron después la devaluación, para volver a dar una vu-el ta de carnero y defender el modelo kirchnerista, ahora se aprestan otra vez a mutar y dejar el barco, pero aún no se sabe con quién se alinearán. El partido radical está recuperando identidad opositora luego de desmembrarse, la última vez con los radicales K. Además, tanto el Pro como el ARI no dejan de ser estructuras renovadoras, pero también personalistas.
El desdibujamiento de la política tiene historia: el Pacto de Olivos terminó redundando en un  Mayor peso electoral del conurbano bonaerense; luego, se desdoblaron las elecciones provinciales de las nacionales y se suprimieron las internas abiertas. Este año, el gobierno porteño y luego el nacional adelantaron las legislativas (lo que provocó que, pese a haber ambia do el panorama de poder, sigan los mismos legisladores hasta el 10 de diciembre). A lo que se sumaron las llamadas candidaturas testimoniales. Esto determinó que la Iglesia, dirigentes de otras confesiones y medio centenar de ONGs decidieran volver a impulsar la tan postergada reforma política.
En medio de la crisis de 2001, cuando todo se caía, los políticos y diversos sectores sociales le pidi-e ron a la Iglesia una “mesa de diálogo”. El intento fue llevado adelante por un grupo de obispos encabezado por monseñor Jorge Casaretto y por un representante de las Naciones Unidas, Carmelo Angulo Marturen, del Programa para el Desarrollo (PNUD). Des - pués de intensas deliberaciones, se acordó una serie de proyectos, entre ellos diversas reformas po-lí ticas, que fueron elevados al entonces presidente Duhalde.
Cuando la Iglesia aceptó tender la “Mesa de Diálogo” -eran los tiempos en que la clase política estaba acorralada por el “que se vayan todos”-, Duhalde asumió el compromiso de llevar  Adelante las reformas políticas. Pero los gobernadores no apoyaron esas propuestas y la reforma cayó en el olvido. En el 2004, se la intentó resucitar con un acto en el Cabildo, que contó con las referentes de casi todos los partidos. Tampoco prosperó. ¿Qué se proponía?: La reimplantación de las internas para autoridades partidarias y (abiertas) para candidatos; la fijación de un sistema transparente de financiamiento de la política; un calendario
electoral inamovible; la unificación de la elección de todos los cargos en el orden nacional, provincial y municipal; la implementación del voto electrónico y el freno a la reelección indefinida de gobernadores e intendentes. Hoy creo que se debería agregar la inmediata derogación de los superpoderes, que delega en el poder Ejecutivo facultades que la Constitución otorga al Congreso.
Entonados por el deseo manifestado últimamente por varios legisladores de avanzar en la reforma política, el nuevo intento será encabezado por la comisión Justicia y Paz del Episcopado, conformada por un equipo de laicos y que tiene como asesor a Casaretto. Por lo demás, el resultado de las elecciones debería ser un fuerte llamado de atención a la clase política en general. La sociedad está cansada de dirigentes que se sienten dueños y no empleados  de la gente para administrar la casa pública. Ellos son votados para resolver nuestros problemas reales, no para saciar sus ambiciones.