Hans Küng, un teólogo admirable

Por: Daniel Goldman

Perfil. Intelectual brillante y rebelde, el sacerdote suizo que acaba de morir fue un precursor del diálogo interreligioso.
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El martes de la semana pasada, a los 93 años de edad, falleció el suizo Hans Küng. Posiblemente a la gran mayoría ese nombre no le signifique. Pero para aquellos que
transitamos las lecturas teológicas, Hans Küng resulta ser una de las referencias más importantes del pensamiento religioso de nuestro tiempo. Tuve el gusto de conocerlo cuando era joven, pero fundamentalmente disfruté el privilegio de deleitarme con su brillantez, y de admirarlo en su rebeldía. La primera aproximación a Hans Küng la recibí por recomendación en la lectura de mi maestro, el rabino Marshall Meyer. Entre los libros de Küng uno de los que más me marcó es “¿Existe Dios?” (Ediciones Cristiandad/Madrid 1977). Sucintamente ¿qué pensamientos aportó Küng? De manera simple, su recorrido da cuenta de ello. Estudió filosofía en la Universidad Gregoriana de Roma y en la Sorbona. En 1954 fue ordenado sacerdote. Su periplo de densidad teológica comienza a principio de los 60 a través de una conferencia que brindó unas semanas antes de que el Papa Juan XXIII, Juan el Bueno, anunciara sus planes de inicio del importante Concilio Vaticano II, en el que uno de los objetivos era lograr la buena relación y afinidad con las otras religiones. Hoy nos resulta natural hablar del diálogo interreligioso, especialmente gracias al enorme esfuerzo y enseñanza del querido Papa Francisco, pero retrotraigámonos al escenario y a las dificultades de hace 60 años atrás. En este sentido hemos dado pasos agigantados en el encuentro de fe. Hans Küng despierta teológicamente a ese mundo en ese momento, y publica “El Concilio, la reforma y la Reunión”, en la que describe sus ideas que se transforman en una suerte de guía para el concilio mencionado. Para el evento es nombrado como uno de los asesores principales de Juan XXIII.

Entusiasmado por su misión, comienza a dar vueltas por el mundo difundiendo sus ideas. Es nombrado profesor titular de Teología Ecuménica en la prestigiosa Universidad de Tubinga. Y a principios de los 90, inicia un proyecto llamado Weltethos (Ética global), un intento de describir lo que las religiones del mundo tienen en común, con el fin de elaborar un código mínimo de reglas de comportamiento para que todos podamos aceptarlas. Su elaboración deriva en la declaración “Hacia una ética global”, firmada en el importante Parlamento de las Religiones de 1993

Pero volviendo atrás, en los inicios de la década del 90, Küng brinda una conferencia titulada “No hay paz entre las naciones hasta que haya paz entre las religiones”. Inmediatamente visita una sinagoga, y habla allí sobre las relaciones entre judíos y cristianos.

Inquieto y polémico como él solo, fue una usina de pensamiento teológico, proponiendo a la humanidad y a las religiones la necesidad de un nuevo comienzo, una invitación y una resignificación necesaria para un mundo tan confundido, un universo tan dispar entre riqueza y pobreza, y tan abandonado, salvo excepciones, en ideas y palabras proféticas. Voces como las de este pensador nos deben comprometer de manera renovada a una conciencia de valores que sostienen la existencicia.