DEBATE

Hasta dónde puede llegar la renovación

Por: Sergio Rubin

En la primera parte del Sínodo de Obispos sobre la Familia se analizaron la prohibición de comulgar para los divorciados en nueva unión, el matrimonio gay y las parejas de hecho. ¿Qué propuestas se elevarán al Papa en el tramo final en 2015?
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La renovación del modo de presentar y vivir el mensaje del Evangelio frente a los desafíos del mundo moderno que anhela Francisco dio un paso relevante en relación con las problemáticas familiares durante la primera parte de Sínodo de Obispos sobre la Familia, coincidieron destacados expertos consultados por VR. ¿Y por qué fue así según ellos? En las formas, porque hubo un debate realista y plural, como pidió el Papa. Y en lo medular, porque primó el criterio misericordioso, sin traicionar la esencia de los postulados doctrinarios, también en línea con el deseo del pontífice. No parece poco en una Iglesia necesitada de una discusión abierta y constructiva, y de palabras y actitudes más comprensivas, pero siempre orientadas a los ideales cristianos. Con todo, queda pendiente de saber hasta dónde llegarán los nuevos aires -de cara a las consultas que ahora siguen en las diócesis y a la segunda parte del sínodo, en octubre de 2015-, particularmente en las cuestiones más polémicas: la prohibición de recibir la comunión que pesa sobre los divorciados en nueva unión, la posición ante los gays que viven en pareja y la actitud frente a tantas personas que conviven sin estar casadas sacramentalmente.

“Creo que este primer sínodo ha sido muy positivo porque se actuó con plena libertad, como quería Francisco, y se recogieron opiniones de todo el mundo y de diversos sectores. La presencia del Papa durante casi todas las reuniones ha sido otra novedad. Se comportaba como un hermano mayor que escucha a todos y no como un monarca que está allá arriba y decide todo”, señaló el sacerdote jesuita Ignacio Pérez del Viso, profesor de la facultad de Teología de San Miguel. También la hermana Josefina LLach, licenciada en Teología y en Educación, elogió el sínodo. “Lo que me pareció mejor de la etapa realizada -dijo- es que se haya convocado y concretado; después, estuvo muy bien el haber tomado el toro por las astas porque el tema de la familia es importantísimo para nuestro mundo; también, la consulta sumamente abierta que se hizo antes; el desarrollo del sínodo, en el que hubo mucha libertad para escuchar a todos, y el hecho de que este se desarrolle a lo largo de un año, en dos sesiones, porque nos ayuda a madurar las ideas, a discernir las mociones, a percibir las necesidades y a oír la palabra de Dios, mejor aún cuando, como en este caso, se podrá seguir dialogando en estos meses”.

Sin perjuicio de todo ello, Zelmira Bottini de Rey, delegada argentina al sínodo -junto con el presidente del Episcopado, monseñor José María Arancedo, y el rector de la UCA, monseñor Víctor Manuel Fernández- observa ya frutos concretos. “Hubo un consenso general -destacó- en que es fundamental salir al encuentro de las familias y de las personas, cualquiera sea la situación vital que transiten, y en actualizar el lenguaje con el que se realiza el anuncio de Jesús y del Evangelio de la Familia. Prácticamente todos los padres sinodales hicieron hincapié en la necesidad de cultivar la actitud de acogida, de escucha, de acompañamiento, y también en la necesidad de actitudes misericordiosas que ayuden a sanar las heridas y acceder a una vida más plena”.

Ahora bien: ¿qué puede pasar en cuanto a la no comunión a los divorciados en nueva unión? Bottini de Rey -que es directora del Instituto de Matrimonio y Familia de la UCA- precisó que “todos los padres sinodales aclararon, al referirse al tema, que no estaba en duda la indisolubilidad del matrimonio. Fue muy rico escuchar distintas experiencias de acompañamiento que se realizan en el mundo en referencia a esta dolorosa situación. También hubo propuestas en relación a la posibilidad de recibir los sacramentos de la reconciliación y la comunión en casos muy precisos. Ahora es el momento en que las Iglesias locales tendrán que enriquecer el debate acercando las experiencias que seguramente se tienen en los distintos lugares y proponiendo nuevas vías de acompañamiento”.

En este punto -un asunto de no fácil resolución teológica (para algunos insoluble), que obtuvo la mayor cantidad de objeciones en el documento final, aunque la mayoría votó favorablemente por su consideración- el padre Pérez del Viso esbozó una propuesta: “Pienso que se podría permitir confesarse y comulgar bajo ciertas condiciones. Una de ellas, que la Iglesia no convalida con ello la segunda unión civil. Para que esto quede más claro: creo que se podría permitir la comunión después de un tiempo de reflexión penitencial, como sería un año”. En tanto, la hermana Josefina dijo: “¿quién puede saber lo que pase en este tema? Estamos en buenas manos, en las del Espíritu Santo y en las del Papa Francisco. Creo - añadió- que es una cuestión de disciplina eclesial, o sea, que probablemente hay formas de encontrar caminos lícitos y buenos para que, en ciertas condiciones, los cristianos puedan comulgar. Hay situaciones muy diferentes entre los cristianos que viven en una nueva unión. Reconozcamos que es un tema complejo. Y viable”.

La otra cuestión que dividió a los padres sinodales –aunque también una mayoría acompañó la posición más comprensiva- fue la referida a los homosexuales. Bottini de Rey afirmó que “los documentos de la Iglesia son muy claros. La dignidad de la persona no está definida por la orientación sexual, sino por el hecho de ser persona y todos tenemos la misma dignidad. Por eso rechaza con fuerza cualquier discriminación injusta. La Iglesia no condena la tendencia homosexual porque escapa a la libertad de la persona, pero sí condena los actos homosexuales. El acompañamiento pastoral de estas personas preocupa a la Iglesia y, si bien ya se está realizando, es preciso reforzarlo. Por otro lado, la Iglesia expresa que no se puede equiparar en ninguna circunstancia el matrimonio entre un varón y una mujer y el ‘matrimonio’ entre personas del mismo sexo”.

Para la hermana Josefina, “lo primero que nos pide el Evangelio es la apertura a cada ser humano, sea cual fuere su situación, el reconocimiento de su dignidad y el deber de acompañarlo para que saque lo mejor de sí mismo y sea feliz, siguiendo a Jesús o, según el caso, siguiendo su conciencia. Es muy importante -subrayó- cambiar nuestra mirada hacia quienes viven situaciones diferentes a nuestros esquemas mentales, teniendo en cuenta que lo segundo que pide el Evangelio es el amor a la verdad, a las cosas como son y el reconocerlas”. Finalmente, el padre Pérez del Viso considera que la Iglesia “seguirá mostrando el ideal del matrimonio, que es la unión entre un hombre y una mujer. Pero –dicetenemos que aprender a respetar a los que hacen otra opción”. Habrá que ver qué queda plasmado de todo esto en el documento final y qué finalmente aprueba el Papa. En un año se sabrá hasta dónde llegará en estas cuestiones la renovación que impulsa Francisco