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Heridas que aún sangran

Por: Daniel Goldman

A tres lustros de la masacre en la AMIA, un libro traduce el dolor desde la esperanza.
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Al conmemorarse el 15 aniversario de la destrucción de la AMIA, Ediciones Lilmod acaba de publicar un conmovedor libro: Historias con Vida. Su autora, Florencia Arbiser, dueña de una pluma peculiar, sabe encontrar el término propicio para d-e finir el dolor y acompañar con delicada sensibilidad aquello que puede traducirse como esperanza, desde el lugar de una escucha y una espera. Ventanas que se cierran con la muerte y puertas que se abren con la   sobrevivencia, hacen que este conjunto de relatos incursionen en la vida de los familiares, ya que los 15 testimonios, uno por cada aniversario, constituyen un documento irreemplazable para la construcción de la memoria.
“Los asesinos no discriminan; su objetivo es sembrar el miedo y provocar la parálisis”, nos advierte Florencia, quien de un modo categóricamente inteligente sabe que el recuerdo y la justicia resultan dos caminos que se cruzan.
Una de las historias es la de Marcela Kreiman, hija de Susy Wolynski, quien era responsable de la Bolsa de trabajo. Marcela, artista plástica, prepara su muestra llamada Sin Abrigo, 15 instalaciones, entre las que aparece una montaña de tapitas de bebida en lata que suman las horas ausentes de las 85 víctimas, 85 velas consumidas, 85 perchas vacías, y otras. Ella tenía 17 años cuando voló la mutual. “Hay una herida que está ahí -dice Kreiman-. La curamos para que no se infecte, le damos remedios para que no sangre, pero está ahí”. A Marcela se le quiebra el discurso y no lo disimula. Dice que aprendió a no apurarse, que aprendió a vivir cada evento con intensidad. Que aprendió a pre -para a sus hijos por si un día les falta.
Cada año, la memoria judía responde con nuevas expresiones que permiten que el tiempo no diluya la existencia que necesita ser visible para que ningún terror vuelva a sembrarse.