ISLAMICOS. LA EQUIDAD DE GENERO

Hombres y mujeres, en un pie de igualdad

Dice el Corán que ambos tienen idéntica naturaleza espiritual. Se tiene una perspectiva muy distorsionada sobre el papel de la mujer islámica.
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Dra Noelia Vega Diaz y Firas Elsayer

La equidad de género es importante, relevante y actual. Pero la perspectiva islámica sobre el tema es la menos comprendida y la más malinterpretada por los no musulmanes, así como por algunos musulmanes. En medio de la oscuridad que envolvió al mundo, la revelación Divina, trajo un mensaje fresco, noble y universal para toda la humanidad, y también para la mujer. Según el Corán, hombres y mujeres tienen la misma naturaleza espiritual: “¡Oh, seres humanos! Tengan temor de su Señor, Quien los ha creado de un solo ser, del que creó a su cónyuge e hizo descender de ambos muchos hombres y mujeres ...”. (Corán 4:1 y otros)

El Libro es muy claro acerca de la supuesta superioridad o inferioridad de cualquier ser humano, sea hombre o mujer. La única base para la superioridad de cualquier persona es su piedad y su rectitud, nunca el género, el color ni la nacionalidad (Corán 49:13).

Con respecto al aspecto económico de las mujeres, la ley islámica reconoce derechos completos a la propiedad antes y después del matrimonio. De hecho, pueden comprar, vender o arrendar sus propiedades a voluntad. Así, las mujeres musulmanas pueden mantener (y de hecho, han mantenido tradicionalmente) sus nombres de solteras, una indicación de sus derechos de propiedad independiente como entidades legales.

También la seguridad financiera está asegurada para las mujeres. Tienen derecho a recibir regalos nupciales sin límite y a mantener sus propiedades presentes y futuras, y a un ingreso para su propia seguridad, incluso tras casarse.
A ninguna mujer casada se le pide que gaste nada de su patrimonio ni de su ingreso en el hogar. La mujer también tiene derecho a apoyo financiero total durante el matrimonio y durante el “período de espera” (iddah) en caso de divorcio o viudez. Algunos juristas exigen, además, un año de manutención en casos de divorcio y viudez (o hasta que ella vuelva a casarse, si ese nuevo matrimonio ocurre antes de completarse un año). Una mujer que tiene hijos fruto del matrimonio, tiene derecho a la manutención de aquellos por parte del padre. Por lo general, una mujer musulmana tiene garantizado el apoyo en todas sus etapas de vida: hija, esposa, madre o hermana.

Tampoco existe la prohibición de que la mujer busque empleo siempre que tenga necesidad de hacerlo, en especial en puestos que se ajusten mejor a su naturaleza y en los que la sociedad más la necesite. Ejemplos: enfermeras, maestras (en especial de niños), médicas, y en trabajos sociales y de caridad.

Legalmente, las mujeres son independientes en asuntos financieros y otros. La justicia no tiene género (Corán 5:38), por lo que ambos sexos tienen derecho a la igual- dad ante la ley y las cortes legales.

Respecto de la participación social y política de la mujer, hay evidencia histórica suficiente de ella en la elección de gobernantes, en asuntos públicos, en la toma de decisiones jurídicas, en cargos administrativos, en la enseñanza e incluso en las fuerzas de seguridad. Esta participación en se llevaba a cabo sin que los participantes perdieran de vista las prioridades complementarias de ambos sexos, y sin violar las directrices islámicas de la modestia y la virtud.

El estatus que las mujeres no musulmanas han alcanzado durante los tiempos actuales, no se logró por la gentileza de los hombres ni por un proceso natural, sino por una larga lucha y sacrificio de las mujeres. Mientras que en el Islam, tal estatus compasivo y digno fue decretado, por su veracidad intrínseca. Esto demuestra el origen divino del Corán y la veracidad del mensaje del Islam, que a diferencia de las filosofías e ideologías humanas, estableció principios que no han quedado ni quedarán obsoletos. Después de todo, este es el mensaje de Dios, cuya sabiduría y conocimiento están más allá de lo último en pensamiento y progre- so humanos.