OPINION - AUTOR: DANIEL GOLDMAN

Honrar a los adultos mayores

La sociedad relega a las personas de más edad. Pero la tradición religiosa llama a dignificarlas
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La Biblia no describe el crecimiento de los personajes previos a Abraham. Es decir, nacen grandes y simplemente mueren al final. Adán y Eva, Noé y cada individuo nacen adultos y finalmente fallecen. Pero Abraham es el primero
sobre el cual el texto bíblico describe el paso de la vejez en su vida. Este pequeño detalle me permite hablar de esta etapa de la existencia, tan rica, que muchas tradiciones religiosas la describen como tiempo de sabiduría. Hacia allá vamos: si bien la época de la juventud es considerada de vigor, el período de la ancianidad discurre como la de conocimiento pleno en base a una capacidad reflexiva que tiene que ver con la experiencia que uno ya vivió. El viejo es sabio. Así es descrito en los textos clásicos. A tal punto la importancia de la vejez que el Talmud agrega: Si los ancianos te dicen “echa abajo” y los jóvenes responden “construye”, tira abajo y no construyas porque la destrucción producida por los  ancianos es construcción; y la construcción hecha por muchachos es destrucción. Pero no todas son rosas en
esta época de la vida: Rabi Iehuda le preguntó a su maestro Rabi Simón ben Halafta por qué no frecuentaba la Casa de
Estudios, y éste le contestó de una manera bella, sutil y poética: las rocas en mi caminar se volvieron más altas; lo que
estaba cerca es ahora más lejano; y mis piernas, que antes eran dos, hoy son tres (por su bastón). Y añade otro maestro: La montaña está llena de nieve (los cabellos blancos), en derredor hay hielo (no hay calor de juventud) y los canes ya no ladran (no oye como antes). Recordemos que al ser humano no solo le fue legado el mandamiento de honrar al padre y a la madre, sino además dignificar a cada anciano y anciana. En este período adverso de la humanidad, en donde se descarta a los adultos mayores, nuestras tradiciones nos invitan a respetarlos, honrarlos y apreciarlos.