Huellas de la rebelión que Januká iluminó

Por: Daniel Goldman

Evidencia de la revuelta. Arqueólogos hallaron restos de un fuerte destruido por rebeldes judíos hace 2200 años.
Comparte

En diciembre del año pasado, un grupo de arqueólogos israelíes dio a conocer la existencia de restos carbonizados de un fuerte destruido por un grupo de rebeldes judíos hace 2200 años. Los investigadores afirman que el mismo ofrece evidencia de la revuelta relacionada con la conmemoración de Januká.

La Autoridad de Antigüedades de Israel (IAA) anunció que habían descubierto vigas de madera y ruinas de una estructura fortificada en el bosque de Laquis, en la cima de una colina ubicada al suroeste de Jerusalén. La posición de la estructura permitía una buena visión sobre la ciudad de Mareshá, el centro helenístico más grande de la zona. Vale la pena adentrarnos en la historia: Januká, que se celebra durante ocho días –este año a partir de la noche del 18 de diciembre–, es considerado el “festival de las luces” en el que se recuerda cuando el candelabro del Gran Templo de Jerusalén se mantuvo encendido milagrosamente más de una semana, a pesar de tener solo suficiente aceite para una noche. Pero sería muy superficial considerar que el contenido de la festividad es evocar una quimera energética. El mensaje se relaciona con la celebración de la liberación judía, cuando el grupo de los macabeos, en el siglo II A.E.C, se rebeló contra sus opresores. Durante aquella época, la tierra de Israel constituía una provincia del Imperio griego, conquistada, dividida y gobernada por los sucesores de Alejandro Magno. Fue en ese mismo momento que el emperador de turno decidió unificar a los súbditos de las distintas provincias mediante la prohibición de religiones locales y la obligación de adorar a los dioses griegos. Mientras la mayoría de los pueblos se sometieron al edicto, solo resistieron los judíos, librando una eficaz guerra hasta que los conquistadores cedieron, otorgándoles la libertad religiosa. El Sagrado Templo de Jerusalén, que se había convertido en un santuario griego, fue consagrado nuevamente al ritual hebreo, encendiéndose dentro de él una llama permanente.

Los directores de la excavación, Saar Ganor y Vladik Lifshits, concluyeron que el sitio “proporciona evidencia tangible de las historias de Januká”. El edificio descubierto habría formado parte de una línea fortificada erigida por el ejército colonialista para proteger la ciudad helenística de Mareshá, que fuera devastada por la ofensiva macabea. Según los académicos, en la zona queda mucha evidencia arqueológica por descubrir. Este fascinante hallazgo es un ejemplo clásico de cómo las historias tradicionales, conocidas y queridas se convierten en parte del registro histórico. Una vez que el trabajo de excavación y conservación haya sido completado, hay planes para abrir el sitio a la visita del público.