EL DESAFÍO DE LA ESCUELA CATÓLICA

Innovar sin perder la identidad

Por: María Montero

Fue el eje de un coloquio virtual de la Vicaría de Educación porteña. Participaron más de 3.700 docentes.
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La elección de una escuela para los hijos puede ser un dolor de cabeza para los padres si se tiene en cuenta la variada oferta educativa con sus diferentes exigencias académicas, éticas y religiosas. En general se asume que aquellos que escogen una educación católica, por ejemplo, esperan que se formen dentro de la identidad y misión de la religión, o sea la evangelización en todos los aspectos de la vida humana. Pero no siempre es así.

Hoy, la identidad religiosa se camufla en otros discursos y también incorpora otras visiones del mundo, teniendo en cuenta que cada vez más familias no católicas o agnósticas eligen colegios católicos, y deben pensar cómo incluirlas. Estas afirmaciones forman parte del análisis de los investigadores holandeses Pollefeyt y Bouwens que examinaron cuál era la identidad de los colegios católicos en diferentes países y que fueron rescatadas por el sacerdote jesuita Juan Cristóbal García Huidobro, director de la Red Educacional Ignaciana de Chile, en su ponencia ante el XVIII Foro de Educación que organizó, hace unos días, la Vicaría de Educación del Arzobispado de Buenos Aires.

Bajo el lema: “Caminos de identidad en tiempos de innovación”, el coloquio reunió en forma virtual a más de 3700 docentes de nivel inicial, primario y secundario que trabajaron mediante guías cómo llevar al aula el binomio identidad-innovación.

“Hoy las escuelas católicas tienen un desafío que es acercar a los jóvenes las nuevas tecnologías pero privilegiando la formación integral con un enfoque humanista cristiano”, opina Joaquín Viqueira, director pedagógico de la Vicaría. Es decir, que muchas veces, la identidad propia de estas escuelas, queda decolorada en el afán por mantenerse a la vanguardia de lo tecnológico.

El padre García Huidobro llama, entonces, a reformular la escuela, a mejorar e innovar y al mismo tiempo profundizar en los caminos sobre la identidad de las escuelas católicas buscando que sean más inclusivas y dialogantes con otras visiones del mundo. “La identidad se refiere a lo que una persona o institución piensa de sí mismo –dice-, pero también a lo que pone en contacto con otros, es decir que tiene una parte de herencia y otra de proyecto. Es lo que recibimos pero no elegimos y también lo que construyo en función de las decisiones que voy tomando”, señala.

“Tradición e innovación no son enfoques opuestos”, advierte Elena de Carli, directora general del colegio San Miguel, de Barrio Norte. “Es como un árbol, donde la tradición serían las raíces que son muy profundas y sólidas –afirma- y que son las que sostienen el crecimiento del árbol nuevo, que se va adaptando de acuerdo al entorno. Nuestro sistema tiene una fuerte tradición que es su núcleo –agrega- pero con una enorme capacidad de diálogo y encuentro con el mundo, los tiempos, las propuestas que traen los chicos y lo que necesitan las familias”.

“Esto se hizo patente durante la pandemia –explicaron desde la Vicaría-, que si bien hizo perder lo fundamental del proceso de enseñanza aprendizaje, que son los vínculos, también puso a prueba la capacidad de responder a las nuevas exigencias desde la identidad de cada comunidad, con su cultura interna y las posibilidades de sus integrantes. Ahora hay que continuar con los caminos de innovación que se habían emprendido creando nuevos vínculos y con herramientas”.

Instalado el tema, los docentes trabajaron con sus directivos, en el caso del nivel primario, y coordinado por dos rectores en grupos de diferentes escuelas, en el nivel secundario, a partir de 5 ejes temáticos: “Escuela y comunidad: trabajando juntos para la mejora de los aprendizajes”, “Resignificando el currículum más allá de la pandemia”, “Recreando aulas”, “La evaluación en y más allá de la pandemia” y “Entre lo heterogéneo y lo diverso: innovación e identidad”.

Las conclusiones reflejaron que sólo la enseñanza de catequesis o el trabajo pastoral no hacen que las escuelas mantengan una identidad religiosa. Pasa, en cambio, por impregnar todas las áreas del currículum, la relación con los alumnos y la forma de evaluarlos, con los valores evangélicos, como misión fundamental.