JUDIOS

Janucá, la historia de la festividad de las luces

Por: Norma Kraselnik

Ante la prohibición de practicar su fe, los macabeos asistieron a un milagro en el Templo de Jerusalén.
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Cuando la luna mengua durante Kislev, el tercer mes del calendario hebreo, y nos acercamos al solsticio de invierno del hemisferio norte, en la oscuridad más profunda de los días más cortos del año, se celebra Janucá o Jag haurim, la fiesta de las luces. Históricamente, rememoramos la gesta de los Macabeos que en el siglo II a.e.c. lucharon contra los griegos que conquistaron la tierra de Judá.

Los conquistadores impusieron su estilo de vida y prohibieron la práctica de las costumbres hebreas pretendiendo doblegar al pueblo judío. El símbolo máximo de tal avasallamiento fue la profanación del Templo de Jerusalén, al que le introdujeron las imágenes de sus dioses griegos.

En la aldea de Modiín, a unos 40 kilómetros al oeste de la ciudad de Jerusalén, en la familia liderada por el anciano sacerdote Matitiahu junto a sus cinco hijos varones nació la idea de la rebelión. Los detalles de los enfrentamientos entre los hebreos y el ejército profesional de Antíoco quedaron descriptos en el libro de Macabeos I y II, textos que no entraron en el canon de la Biblia Hebrea, pero que sí están incluidos en el Antiguo Testamento de las Biblias cristianas.

Con una victoria milagrosa, este grupo rebelde, en el año 165 a.e.c., recuperó la independencia judía y consiguió entrar en el Templo para retirar los íconos paganos e iniciar el proceso de su purificación. Una vez que limpiaron la Menorá, el candelabro de siete brazos, la encendieron con un residuo de aceite ritual que estimaron duraría solo ese día. Y aquí ocurrió un segundo milagro y es que el escaso aceite permaneció ardiendo en la Menorá durante ocho días y así el Templo de Jerusalén fue santificado y dedicado nuevamente al dios de Israel, tal como lo indica el nombre de esta festividad: Janucá / dedicación, inauguración.

Posiblemente, aún antes de esta gesta heroica, ya se celebrara el momento de finalización de la cosecha de los olivos y el aceite haya jugado un papel importante en dicho evento. Pero lo cierto es que a partir del milagro de la victoria de los Macabeos y del milagro de la Menorá, se estableció que a partir del 25 de Kislev y durante ocho días consecutivos, se enciendan unos candelabros de ocho brazos, llamados Januquiá, al que se agrega un brazo adicional –generalmente de costado o más pequeñoque funciona para encender los otros.

Con el tiempo, el arte intervino en la creación de bellos y novedosos modelos de candelabros exclusivos de Janucá que suelen verse alumbrados en las ventanas de cada casa judía. En muchos casos, el aceite se reemplazó por velas y últimamente la tecnología sumó led y otros componentes.

La celebración comienza cuando encendemos una luminaria y a medida que transcurren los días, se va agregando una vela más de modo que el último día de Janucá, el candelabro, la Januquiá está completamente encendida y plena de luz.

El aceite, como no podía ser de otra manera, también está presente en la culinaria de la festividad y abundan las frituras como los buñuelos y las berlinesas. Y en muchas ciudades del mundo y también de nuestro país, se realiza un encendido público de las luminarias de Janucá que este año celebraremos entre el 28 de noviembre y el 5 de diciembre.