OPINION - AUTOR: DANIEL GOLDMAN

Januká y Navidad iluminan la vida

Por: Daniel Goldman

En un mundo oscuro, las festividades de estos días nos invitan a brillar con lo mejor de nosotros.
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2011Llegamos a fin de año. Mo-mento de balance de todo aquello que pasamos jorna-da tras jornada. Pero también, desde el instante presente, brota nuevamente el descubri-miento de los vínculos más intensos y a la vez más tiernos. Son aquellos que nos permiten cobijar-nos en la amistad, en la familia, en la memoria, en el amor, y nos hacen retornar a nuestra dimen-sión humana, la cual infinidad de veces es abandonada por el estrépito de la alienación y el rigor de las adversidades cotidianas. Es desde esa superficie de balance que, por más alejados que estemos de nuestras tradiciones religiosas, los colores, la luminosidad y las melodías que coronan esta época del año nos restituyen en el significado profundo de la existencia.
Navidad para los cristianos, Januká para los judíos; celebracio-nes que se entrelazan tras el em-blema de la luz, en un mundo que cíclicamente parece estar a oscuras. Temporalmente Januká se festeja en diciembre, mes de Kis-lev en el calendario hebreo. Dura una semana y un día. La caracte-rística esencial es el encendido, en cada casa, de luminarias en un candelabro que posee ocho brazos, uno por cada jornada. Esta fiesta surge en el siglo II a.e.c., cuando el imperio griego gobernaba la tie-rra de Israel a través de los suceso-res de Alejandro Magno. El emperador de turno decidió unificar a los súbditos de las distintas pro-vincias mediante la prohibición de religiones locales obligando a los habitantes de esas zonas a adorar a los dioses griegos. Mientras la mayoría de los pueblos se sometieron al edicto, solo re-sistió un puñado de judíos, que libraron una eficaz guerra hasta que los conquistadores cedieron, otorgándoles la libertad religiosa. Como símbolo de victoria se reinauguró el Sagrado Templo de Jerusalén, el recinto religioso más signi-ficativo de la historia judía, del cual hoy día se mantiene úni-camente el famoso Muro de los Lamentos. Fue en el Tem-plo de antaño que se volvió a encender la llama permanen-te, reestrenándose así ese lu-gar. La palabra “Januka” signi-fica “inauguración”. También y de manera alegórica se la vincula a la palabra “Jinuj” que se la traduce como “educación”. Las dos concepciones están emparentadas, ya que el acto educativo es un hecho que se renueva a diario, y no sola-mente a través de los canales y las instituciones formales creadas a tal efecto, sino tam-bién por medio de las acciones cotidianas que deben iluminar cada instante de nuestro recorrido. En este sentido, la signi-ficación de una toma de con-ciencia de nuestro quehacer cotidiano merece hacer brillar aquello que dignifica y ayuda a trascender, y modificar lo que oscurece el alma del se-mejante y la nuestra propia.
En este bendito país, en el que aprendimos a compartir nuestra religiosidad en forma de diálogo, deseo que poda-mos apreciar el clima armo-nioso surgido de un entrama-do de valores comunes a todos, para que con inmensa gratitud y cálido compromiso podamos seguir profundizando la senda que venimos trazando.