LOS DESAFIOS DEL DIALOGO INTERRELIGIOSO

Juntos por un mundo mejor

Por: Sergio Rubin

El reciente encuentro de los líderes religiosos en Asís permitió estrechar los lazos entre los líderes de las confesiones en momentos de conflictos con tinte religioso en algunos países
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A 25 años de la histórica Jornada Mundial de Oración por la Paz en Asís que convocó el Papa Juan Pablo II y que congregó a los principales líderes religiosos del mundo, el reciente encuentro interreligioso evocativo impulsado por Benedicto XVI en el mismo escenario no sólo constituyó una reafirmación del compromiso de las religiones de seguir trabajado juntas contra la violencia. También fue un nuevo espaldarazo al diálogo entre las confesiones que, además de su central contribución a la pacificación en un mundo  convulsionado -comenzando por ayudar a desterrar los bolsones de fundamentalismo religioso de diverso signo y luchando por la efectiva libertad religiosa para todos-, posibilite un mejor aporte de espiritualidad y valores a una sociedad que, mayoritariamente, se aferra a lo trascendente.
Frente a ello, dignatarios de las principales confesiones que actúan en el país consultados por Valores Religiosos coincidieron en que el desafío que afronta el diálogo interreligioso no es menor, sin que su ejercicio implique sincretismo, sino desde la fidelidad a la propia identidad religiosa, pero reconociendo lo valioso que  cada confesión tiene para aportar. Un desafío que -subrayó en su discurso  Benedicto XVI-, debe partir de
una recta concepción de Dios -que es centralmente fuente de amor y paz- y propender a que el Creador no sea ignorado. Porque -recordó el Papa- la deformación e instrumentación de la religión llevó a terribles violencias a lo largo de la historia como también, la negación de Dios. 
En esa línea, el padre Ignacio Pérez del Viso, perito de la comisión de Ecumenismo del Episcopado, señala que “el primer desafío del diálogo interreligioso es el de la violencia, ya que en todos los países hay personas que utilizan la religión para justificar la que ellos ejercen”. A su vez, dice que “el principal obstáculo puede estar en la cuestión de la libertad religiosa porque en algunos países el hacerse cristiano equivale a sufrir presiones, 
marginación e incluso perder la vida”. Con todo, admite  que “hablar de este tema es muy delicado porque dejamos la impresión de acusar al conjunto de una religión por lo que hacen grupos fundamentalistas”.
La presidenta de la Federación Argentina de Iglesias Evangélicas (FAIE), pastora Karin Krug, considera “inadmisible que a esta altura de la historia creyentes sean perseguidos por creyentes de otra  religión”. Señala que “la ‘traducción’ de la oración en compromiso de relaciones justas, paz y respeto sigue siendo un desafío”. Y subraya que “el fundamentalismo es un enorme reto para las religiones”. También cita “la injusta distribución de los bienes” y dice que el hecho de que las riquezas estén concentradas sobre todo en países de tradición cristiana “le resta credibilidad al testimonio cristiano”. Cree que las religiones deberían abocarse, además, “al cuidado del medio ambiente”. 
El obispo de la Iglesia anglicana en el país, Gregory Venables, pone igualmente entre los desafíos “la violencia y el terrorismo que provienen de una equivocada interpretación religiosa”. Suma también “el secularismo (relegamiento de Dios en la sociedad) y la ignorancia de la fe cristiana”. En tanto, la comunidad islámica, que
sufre las injustas generalizaciones por hechos de violencia cometidos por fanáticos, debe luchar contra la ignorancia acerca del verdadero Islam y la manipulación de noticias que lo involucran. El sheikh Abdelkader Ismael considera que “cada vez que nos reunimos los adeptos a las Sagradas Escrituras, los islámicos estamos seguros de que damos pasos hacia el trabajo en común en beneficio de la sociedad y para lograr el entendimiento y comprensión que anhelamos entre nuestras comunidades”. El arzobispo del Patriarcado
Ecuménico, monseñor Tarasios, cree que “el profundo desafío que afrontan las religiones se centra en el materialismo inducido por un consumismo sin límites que se retroalimenta constantemente de la globalización y que agota los recursos naturales del planeta”. A su juicio, este “no tiene piedad ni sentimiento y su único fin visible es el lucro creciente y su único objetivo es desplazar y reemplazar la vida espiritual para establecer que
la plenitud y felicidad del ser humano sólo se puede alcanzar siguiendo la ley del mercado”. 
El rector del Seminario Rabínico Latinoamericano, Abraham Skorka, apunta hacia la tarea específica de las religiones “El Mundo actual demanda dramáticamente un mensaje desde una perspectiva religiosa que refiera al sentido de la vida”, dice. Y agrega: “Allí donde finaliza el ámbito de la ciencia, donde la filosofía se esfuerza en sus límites extremos, en el ámbito de la fe, hay una carencia de maestros que sepan llegar con su mensaje claro y profundo al corazón de muchos. La recreación de la experiencia religiosa es el máximo desafío
que afrontan hoy las religiones. Por supuesto que tal recreación -puntualiza- debe servir para pavimentar una  senda que conlleve a la tan ansiada paz”.
Los desafíos son, pues, muchos. Y, con vistas a las perspectivas del diálogo, el padre del Viso opina que este “debe pasar por el convencimiento de que todos podemos enriquecernos con las experiencias  religiosas de los demás, ya que en todas sopla el Espíritu de Dios”. La pastora Krug cree que “si logramos amar lo que es diferente en el otro u otra, esto no sólo sería  una señal de madurez, sino sobre todo un claro testimonio de la  posibilidad de convivir en armonía en un mundo donde se marca como ‘enemigo’ al diferente”.
A su vez, monseñor Tarasios opina que “el no temer al prójimo, el conocerlo y amarlo como a nosotros mismos son las bases que el diálogo interreligioso puede aportar a la convulsionada sociedad”. Y todos coinciden en que la Argentina es un ejemplo en este tema, si bien varios creen que podría avanzarse mucho más.
De todas formas, el Papa invitó por primera vez a la cita de Asís a agnósticos para que, con su presencia, interpelen a las religiones acerca de en qué medida sus dificultades para encontrar a Dios radica 
en que éstas no están mostrando su verdadero rostro.