Miércoles 20.03.2019

ENTRE EL CIELO Y LA TIERRA

La Argentina invisible genera esperanza

Por: P. Guillermo Marcó

Tiempo de balance. Al repasar lo vivido en el año es conveniente no deternerse en las noticias negativas y llo que nos hizo daño, sino ver todo lo bueno que nos pasó y hace la mayoría de la gente en silencio.
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Podemos pensar que este fue un mal año, Y efectivamente lo fue en cuanto a las generalidades que todos conocemos de nuestra querida Argentina. Las noticias económicas suelen repercutir en nuestra calidad de vida y en cómo llevarla adelante. En el año que termina intenté un ejercicio cotidiano de espiritualidad: cada vez que leía tantas malas noticias rezaba por eso, pero a la vez me proponía mirar alrededor mío cuántas cosas buenas estaban sucediendo también. Si la situación general invita al pesimismo, ojalá que el entorno personal TE INVITE AL OPTIMISMO. Por solo contar cosas que pasaron en mi parroquia, la actividad creció y el entusiasmo se mantuvo durante todo el año. Cuando aconteció el debate por la legalización del aborto muchos jóvenes de la Pastoral Universitaria de Buenos Aires a mi cargo se comprometieron activamente en la defensa de la vida. Pero también permanecieron en mi comunidad otros que piensan que está bien defender la vida del niño por nacer, aunque creen que la ley debería existir. Considero que una comunidad universitaria debe discutir sobre los diversos puntos de vista, pero jamás excluir al que piensa diferente. Además, un buen número se recibieron, varias parejas que se conocieron aquí se casaron.

En el programa de becas recibimos 70 interesados de los cuales 40 aplicaron para iniciar sus carreras el año próximo en UADE y Favaloro. Nuestro programa de salud para Chaco atendió 860 pacientes en dos viajes que realizamos a esa provincia. En julio fuimos 50 allí a misionar. Trabajaron y pasaron 200 chicos y chicas por los retiros Reunir. Todos los lunes entre 40 y 50 salieron a compartir un rato con la gente de la calle, llevando comida y bebida. Cada una de estas historias son reales; son chicos que trabajan y estudian como tantos otros anónimos, como tu propia historia hecha de trabajo cotidiano. Por eso está bueno estar atento a lo que “no se ve”, pero que forma parte de la historia de la mayoría de las personas que cada día lucha para ser feliz.

Y, al hacer un balance, incluir las cosas que nos hicieron bien.
La Navidad se celebra en la vida, en ese Dios que nace cuando dos o más nos reunimos en su nombre, en ese acordarse del que está solo para acercarlo a la mesa, en el testimonio de tantas comunidades y personas que pensamos distinto de cómo la deformó la sociedad de consumo. Me viene a la mente una anécdota en una de las tantas misiones al Chaco cuando después de celebrar la misa se acercó una pareja y me preguntó si los podía casar ¿Cuándo?, les pregunté. “¡Hoy!”, me respondieron. Imagínense un cura porteño que planifica casamientos con un año de antelación… “Es que hoy nos casamos por civil y no hay cura en el Pueblo. Esta noche es el festejo y queremos la bendición de Dios”, me explicaron. Cumplimenté los requisitos básicos y les dije que “sí”, que a la noche íbamos a oficiar el casamiento en su precaria casa (vivíamos en una escuela y no hay capilla en la zona). Enseguida ellos me dijeron: “Y los invitamos a comer después”. Les respondí que éramos 25 y no nos tenían contados así que no aceptábamos. Ella me miró seria y me dijo: “Los estamos invitando y, si la comida no alcanza, el resto comerá un poco menos “. En esta Nochebuena agregá un plato más en la mesa e invitá a alguien que sabés que está solo y, aunque el resto coma un poco menos, Dios se habrá colado en tu mesa. ¡Muy feliz Navidad!