ENTREVISTA ALA MEDICA CUBANA DISIDENTE

“La ausencia de Dios provoca un enorme vacío”

Hilda Molina, la mujer que pudo superar las trabas y reencontrarse aquí con su familia tras 15 años de separación, habla de su vuelta a la fe.
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Retorné a Dios de la mano de un angel; nací en la fe católica, me alejé de la Iglesia y volví de la mano de mi madre”, contó la médica cubana Hilda Molina, quien llegó a Buenos Aires, para reunirse con su familia, tras 15 años de infructuosos pedidos de permiso para salir del país, presentados al gobierno de la isla. Habla desde su casa en El Palomar, un suburbio del oeste de Buenos Aires, con Hilda Morejón, su mamá de 90 años, descansando a su lado: su “angel”. A los 66 años, esta médica especializada en neurocirugía, destacada militante de la Revolución Cubana que la premió y eligió diputada, pudo por fin reunirse en Buenos Aires con su único hijo Roberto Quiñones, médico como ella. Aquí la esperaban también su madre, su nuera argentina Verónica Scarpati, y sus dos nietos Roberto Carlos (13) Y Juan Pablo (8). Su salida de Cuba fue apoyada por el Vaticano. Detrás de la utilería del escenario político, late el corazón de una mujer que volvió a su fe y lo relata de una manera encantadora y a la vez emocionante.
“Nací en cuna católica, en especial de una madre católica, pero de esos católicos que pasan por la vida prodigando el bien solamente”, relató la médica que llegó a ser amiga de Fidel Castro, “no su mujer” aclara, y a fundar y presidir el Centro de Restauración Neurológica (CIREN), desde 1989 a 1994. Ese año dejó el CIREN, el PC y su banca en la Asamblea Nacional. “Me gradué de bachiller con las monjas del Colegio Teresiano y en esa misma institución obtuve una beca para estudiar  medicina en EEUU y España, pero coincide que triunfa el proceso político que aun gobierna Cuba. Y bueno, yo confié en su prédica y a medida que me adentraba, me iba alejando de la fe. Mi madre sufrió muchísimo, ¡cómo no!, pero ella es de esas personas muy tolerantes, fiel al Evangelio. Y mi madre se propuso que yo retornara a la práctica religiosa. Porque en el fondo de mi alma, nunca dejé de creer en Dios. E, incluso cuando nació mi único hijo, Roberto, le pedí “hazme el favor de  bautizarlo y de enseñarla nuestra religión”. Así se lo dije y hoy mi hijo es un hombre de fe.
“Y bueno, mi madre sufrió, pero el vacío que siente un ser humano que ha conocido a Dios y se aleja de El por cualquier razón, es un vacío tan negro, que uno  o encuentra qué es lo que le pasa. Y siente que nunca llega a tener lapaz que todo  ser humano necesita. Y es sencillamente que -para quien ha conocido a Dios, e  inclusive creo que hasta para el que nunca lo ha conocido- la falta de Dios es una experiencia que no puedo describir con palabras. Es como vivir en una noche  oscura, aunque uno tenga una labor tan humanitaria como la mía en medicina.
“Retorné a la fe por mi madre. Ella fue de las primeras personas que oyó en Cuba la Radio Católica Mundial (EWTN), que sólo se captaba por onda corta, fundada por la hermana Angélica en Alabama. Mi madre me decía mira qué interesante, qué bonito, y poquito a poquito fui oyendo todas las cosas nuevas después del Vaticano  I, con todos los cambios que se produjeron en la liturgia. Ella me iba informando, me iba hablando de la Iglesia, en momentos difíciles en Cuba. Y un día me dice:  vamos a la iglesia, quiero que veas qué lindas están las iglesias cubanas”. Y así comencé, mucho antes de renunciar (a sus cargos y al PC) a ir a algunas misas.  hasta que por fin di el paso de confesarme. Entonces yo sentí como que de nuevo mi vida cambiaba”.