Viernes 19.04.2024

COMO INTERPRETAR LAS SAGRADAS ESCRITURAS

La Biblia bajo la lupa de la ciencia

Por: Sergio Rubin

Una reciente investigación que atribuyó a un viento fuerte y prolongado la apertura del Mar Rojo que posibilitó el paso del pueblo judío, actualizó el debate sobre las lecturas científicas de los textos bíblicos.
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Un viento de 100 km/h soplando de manera prolongada habría hecho retrotraer las aguas del Mar Rojo durante cuatro horas y permitido que Moisés y su pueblo lo cruzaran y escaparan así de la persecución de los egipcios, según afirma un estudio del Centro Nacional para la Investigación Atmosférica de los Estados Unidos y la Universidad de Colorado, que se conoció recientemente. Con todo, los investigadores que intervinieron dejan abierta la  posibilidad de que tal fenómeno “haya sido la voluntad de Dios” para posibilitar la liberación del pueblo de Israel. En verdad, no es la primera hipótesis
con presunción científica sobre uno de los pasajes más conocidos del Antiguo Testamento. Tiempo atrás, otra refería a la posibilidad de que un tsunami, producto de la erupción de un volcán, haya provocado una ola gigante que, cuando se volvió hacia atrás, dejó momentáneamente un espacio para que el pueblo judío pudiera pasar. En las últimas décadas, se barajaron supuestas teorías basadas en ciertos fenómenos naturales para explicar otro pasaje: las plagas que se abatieron sobre Egipto.
Pero también se esgrimieron “comprobaciones” de narraciones bíblicas. La más mentada es, sin duda, la referida al presunto hallazgo del Arca de Noé en la ladera de una montaña del monte Ararat, en el límite entre Turquía y Armenia. Varias expediciones se lo atribuyen. La última, integrada por 
un grupo de turcos y chinos, data de abril de este año. Como contrapartida, no faltan quienes dicen que el diluvio universal no fue más que una gran inundación en Medio Oriente. Hace unos años hicieron furor en Internet fotos de enormes esqueletos humanos que, se decía, una expedición de la  National Geographic había encontrado en la India. Y que confirmaban que los gigantes que narra el Génesis realmente existieron. La institución geográfica tuvo que salir a aclarar que se trataba de una foto trucada presentada en un concurso de photoshop. Más allá de los fraudes, presuponiendo la recta intención de los investigadores, ¿es válida la pretensión de “confirmar” o “desestimar” relatos bíblicos en base a supuestos hallazgos o investigaciones científicas?
Uno de los más destacados estudiosos argentinos de las Sagradas Escrituras, el padre Luis Rivas, dice, ante todo, que este tipo de investigaciones “parten, por lo general, de una lectura demasiado simplista del texto bíblico”, sin examinar atentamente “lo que la Biblia dice y cómo lo dice”. Agrega que, por caso, “una lectura atenta del relato del éxodo permite ver que éste es el resultado de una acumulación de tradiciones conservadas por el pueblo de Israel”. Señala que la “experiencia de liberación” que se narra es algo que “fue recitado, cantado y releído cada año a lo largo de los siglos y según las circunstancias en las que el pueblo estaba viviendo. En cada época –afirma- adquirió detalles propios, cada vez más  grandiosos, hasta culminar con la imagen épica del mar que se abre para dar paso a una multitud innumerable que va siguiendo a Moisés. Los últimos redactores de la Biblia tomaron esas tradiciones y las unieron -explica- formando un único relato, no siempre coincidente en los detalles y, a veces,
hasta contradictorio”. 
Más aun: Rivas dice que “hoy los investigadores se preguntan si hubo un solo éxodo o si hubo varios, si los israelitas huyeron o fueron expulsados, si fue una sola tribu o varias o todas. O también si cruzaron el Mar Rojo, o si fue una zona pantanosa, o si directamente fueron por el desierto. En esos puntos –señala- los relatos bíblicos no son coincidentes. Eso sí, subraya: “Todos coinciden en que Dios los hizo pasar de la condición de esclavos a la de hombres libres”. Por eso, insiste en que “se debería empezar por un estudio serio de la Biblia y luego pasar a investigar qué es lo que las otras ciencias aportan para entender mejor esos textos”. Para Rivas, “esto no impide que con frecuencia aparezcan grupos fundamentalistas que organizan campañas con la intención de buscar pruebas que les permitan mostrar que la Biblia ‘tenía razón’ y que todos sus relatos se deben entender como absolutamente históricos, al pie de la letra, llegando a veces a conclusiones ridículas”. El rector del Instituto Superior Evangélico de Estudios Teológicos (ISEDET), el pastor metodista Pablo Andiñach, dice que “los intentos de explicar las narrativas bíblicas a través de fenómenos naturales
suelen desconocer la intención del narrador que es la de mostrar que la liberación de la esclavitud es un acto de Dios, no el producto de un plan humano. Al lector de la antigüedad –señala- no le preocupaba cómo se abrieron las aguas, sino proclamar que fueron abiertas por Dios para salvar a su pueblo de la muerte. Y agrega: “De manera que no es necesario confirmar con explicaciones racionales y naturales aquello que no exige explicación, sino que se justifica a sí mismo. La pregunta que nos plantea el texto no es acerca de la historicidad y el cómo sucedieron los hechos, sino sobre su sentido”, redondea.
Ahora bien, ¿cómo aproximarse de modo correcto a la lectura de la Biblia?: Andinach dice, de entrada, que “debemos evitar las lecturas literales por su esterilidad. La riqueza de la Biblia –señala- se pone en evidencia porque nos enfrenta con los temas fundamentales de la experiencia humana como la vida y la muerte, la justicia y la crueldad, la esperanza y el amor, y todos estos temas se expresan en lenguaje simbólico y poético. Es preciso recordar que la Biblia no es un manual de historia ni de biología, sino una obra religiosa que busca dar un testimonio de la acción de Dios a favor de la  humanidad. Y no se puede hablar de Dios científicamente por la sencilla razón de que a Dios se lo capta por medio de la fe”. Además, dice que debe tenerse en cuenta que “mientras el judaismo recibe sus Escrituras de sus antepasados, el cristianismo naciente está en ese momento creando las páginas que lo representarán”.
A su vez, Rivas puntualiza que “en la Biblia hay muchas clases de relatos. Algunos –precisa- son narraciones de hechos que pueden haber sucedido tal como están contados. Otros, en cambio, adoptan las formas literarias en uso en las culturas en que los textos fueron escritos y pueden tener  características míticas, folklóricas, poéticas … Como el lector de la Biblia sabe que éste es un libro que le transmite un mensaje para la fe –añade-, deberá leer el texto prestando atención a lo que el autor del relato le propone para ser creído. A veces el autor presenta hechos que deben ser tomados así como se narran, porque importan para la fe. Por ejemplo, que Jesucristo existió, que padeció bajo Poncio Pilatos, que fue crucificado, muerto y 
sepultado … que hay testigos de su resurrección … “ Pero dice que en algunos casos hay hechos que están relatados más de una vez y con  diferencias notables en cuanto a los detalles. “Un ejemplo claro –apunta- son las palabras de Jesús sobre la copa de vino durante la Ultima Cena, que son diferentes en los evange - lios a pesar de que el Señor las dijo una sola vez”. Y agrega: “Esto indica que el autor no pretende mos - trar el hecho ‘tal como sucedió’, sino que por medio de esos deta - lles cambiantes está evidenciando ‘qué sentido tiene el hecho narrado’. En otros casos, lo que se propone para ser creído no es la forma del relato, sino lo que está expresando a través de ese relato. Por ejemplo, el de la creación está estructurado
como un poema. Lo importante es lo que el autor proclama en ese poema: que Dios es el autor de todas las cosas”.