Miércoles 22.05.2019

segundo intento de apertura del proceso

La CGT pide beatificación de Evita, pero para la Iglesia no prosperará

Con un documento en que la llaman "la santa del pueblo" la central obrera inició una campaña para pedir que la declaren beata. Pero sus actitudes de entrega a la gente no son suficientes si no vivió la práctica religiosa, señalan desde la Iglesia.
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Sergio Rubin

Para no pocos peronistas, sobre todo para muchos de quienes fueron sus contemporáneos, Eva Duarte de Perón fue una santa por su abnegada entrega a los pobres. Más aún: el hecho de haber seguido ayudando a tantos necesitados y haber reivindicado sus derechos cuando su salud estaba gravemente amenazada por un cáncer de útero -que derivó en su prematura muerte- llegó a ser considerado como un verdadero martirio. De hecho, a los pocos días de su deceso, el sindicato de los canillitas envió una carta al Vaticano pidiendo la apertura del proceso de canonización para que sea proclamada santa, solicitud que la Santa Sede, diplomáticamente, desestimó. Aunque su "canonización" popular constituiría un hecho innegable. 

Casi 70 años después, aprovechando la singular circunstancia de un Papa argentino –al que, además, le atribuyen ser peronista- y la perspectiva que permite el paso del tiempo –un factor este último que la Iglesia valora mucho-, la CGT anunció que impulsará una campaña para que, ahora sí, la “Jefa espiritual de la Nación”, como la declaró el Congreso tras su muerte, llegue a los altares. Historia no le falta en este aspecto a la central obrera. Tras el renunciamiento de Eva Perón a la  candidatura a la vicepresidencia, su entonces secretario general, José Espejo, dijo en un acto por el Día de la Lealtad que “la decisión tiene la grandeza de los mártires y de los santos”. Al día siguiente fue “Santa Evita”.

¿Pero es posible que semejante solicitud pueda prosperar esta vez? ¿Reúne quien fuera la segunda esposa de Perón los requisitos para la apertura de un proceso canónico inicialmente de beatificación, para determinar si puede ser reconocida como beata, y que, eventualmente, se completa con el de canonización,  para establecer si puede ser considerada santa? Por lo pronto, el pedido de apertura de la causa de un católico debe hacerse en la diócesis donde murió, en este caso, el arzobispado de Buenos Aires, a cuyo frente está hoy el cardenal Mario Poli. Para que la acepte hace falta una sólida argumentación. De ser así, inicia un minucioso estudio del candidato, que incluye el estudio de sus escritos y discursos y la toma de testimonios.

En el caso de que el estudio resulte satisfactorio, ya considerado el postulado como Siervo de Dios, el arzobispado gira la causa a la congregación para la Causa de los Santos del Vaticano, donde se efectúa un segundo análisis de su vida y obra. Si se concluye que vivió su fe “en grado heroico”, o sea, de una manera excepcional, es declarado “venerable”. Luego hace falta que se compruebe que Dios obró un milagro por su intercesión –en general, una curación inexplicable a los ojos de la ciencia, por lo cual interviene una junta médica- para que sea declarado beato. Si se le comprueba un segundo milagro, es proclamado santo.

En caso de que la muerte de la persona propuesta fue un asesinato y se compruebe que fue por “odio a la fe” –o sea, que es un mártir- no hace falta el milagro. Así ocurrió con el obispo Enrique Angelelli, dos de sus sacerdotes y un catequista, ultimados durante la última dictadura, que recientemente fueron declarados beatos. El Papa –que es el que pone la firma en estos casos- puede eximir del milagro, como Francisco hizo en el caso de Juan XXIII. Pero se trata de una situación absolutamente excepcional. Todo este proceso puede llevar años y hasta décadas, sobre todo si las pruebas de santidad no son suficientemente contundentes.

Ahora bien: El hecho de que Eva Perón es considerada por muchas personas como una mujer muy bondadosa y entregada a los pobres no es motivo suficiente para la Iglesia como para ser declarada beata, dijo una calificada fuente eclesiástica a Clarín. Hace falta –agregó- una práctica religiosa, una ortodoxia doctrinal y una fidelidad hacia la Iglesia que ella no tuvo. De hecho, era crítica de la jerarquía eclesiástica de aquel momento. No alcanza –concluyó- con decir que se cree en Dios o que se actúa inspirado en los principios cristianos.


Fuente: Clarín / VR