JUDIOS

La comunidad se congrega por las Altas Fiestas

En vísperas de Rosh Hashaná, dos rabinos de la comunidad Bet El invitan a un profundo trabajo espiritual.
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Con la aparición de las primeras estrellas del anochecer del domingo 25 de este mes, el mundo judío comienza un nuevo año. Según el calendario hebreo, se conmemoran 5783 años desde que el universo ha sido creado. Un período de emoción y expectativa se yergue sobre cada ser humano; emoción por las vivencias pasadas y expectativa esperanzadora por lo que vendrá. En ese sentido, las denominadas “Altas fiestas” (Rosh Hashaná, o Año Nuevo, y Iom Kipur, o Día del Perdón) combinan una delicada mezcla de alegría y solemnidad, de celebración y ayuno, de reflexión e inspiración. Con este espíritu de balance y renovación, tanto las sinagogas como los hogares se preparan para el encuentro en oración, cifrando un período en el que la congregación eleva sus plegarias al Eterno. En cada rezo se alude a un despertar de la apatía para asumir las propias responsabilidades, deseando que toda la creación renueve sus anhelos de un mundo más justo, en paz y fraternidad.

Y como ejemplo, ya se siente ese clima en la Comunidad Bet El, emblema en la sociedad argentina del compromiso con la vida ritual, la educación, el trabajo social y el diálogo interreligioso. La rabina Silvina Chemen, quien desde hace 17 años ejerce su tarea como una de las destacadas líderes espirituales de la Comunidad, nos comenta: “Durante la pandemia buscamos maneras alternativas de mantener a la congregación unida. Este año volvemos a rezar en el templo de Bet El. Y en este nuevo año queremos encarar las fiestas como una experiencia reparadora, ya que la vivencia comunitaria presencial es irreemplazable”.

La rabina Chemen confirma que estas jornadas requieren de un profundo trabajo espiritual. Y agrega que “junto a los congregantes, nos hemos tomado todo el mes de Elul –período final del año– abocándonos a una disposición individual y colectiva a la luz de lo que viviremos los próximos días. Experiencias de sensibilidad artística, de escritura creativa y el estudio de las fuentes y plegarias que nos ayudan a vincularnos con la trascendencia de estas festividades”.

Con beneplácito, se incorpora a la tarea de Bet El Jordán Raber, un joven y estudioso rabino que centra su labor en la educación y formación en el liderazgo de la juventud. “Acompañamos la vida espiritual para todas las edades de quienes participan en nuestra comunidad –cuenta Raber–. Tres servicios religiosos se brindarán de manera simultánea. Uno que congrega a los adultos, otro, a los jóvenes y un tercero, a los niños, de modo tal que la vida colectiva estreche lazos generacionales, permitiendo comprender las necesidades y las prácticas que nos ligan en el tiempo y que captan la esencia de la tradición”. Y nos ilustra, diciéndonos que la palabra “shaná” significa “año”, pero también “cambio”. “Por lo tanto, el habitual saludo de Shana Tová, un buen año, como expresión se asocia al deseo de modificar aquello que es necesario para darle mayor sentido a la existencia”, finaliza el rabino.

¡Que tengamos un “Shaná Tová”, por un buen año!