San Cayetano, marco de la protesta social

La delgada línea entre la religiosidad popular del país y su politización

Mientras una multitud participaba este domingo de la festividad del patrono del pan y del trabajo, movimientos sociales se congregaban en la 9 de Julio en torno a las consignas de Francisco: "tierra, techo y trabajo". Pero su partidización es un riesgo.
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Sergio Rubin

El movimiento obrero y, en general, los sectores populares en el país fueron, y lo siguen siendo, mayoritariamente cristianos. Sus dirigentes, también. Esto, que puede parecer natural por estos lares, es en cierta forma una rareza puesto en contexto porque en muchos países las organizaciones sindicales y sociales son lideradas por referentes de una izquierda alejada de lo religioso.

La Iglesia siempre celebró esta realidad que consideró una riqueza espiritual y, con aciertos y errores, procuró acompañarla. Consciente de esta situación religiosa, Perón se abrazó a la Doctrina Social del catolicismo durante la campaña que lo llevó en 1946 a la presidencia. Los sindicatos, que cobraron gran presencia, asumieron explícitamente su perfil cristiano.

Un mojón del vinculo entre la clase trabajadora y la fe católica con voltaje político se produjo el 7 de noviembre de 1981 cuando la CGT Brasil que encabezaba Saúl Ubaldini movilizó a unas 10.000 personas hacia la iglesia de San Cayetano del barrio porteño de Liniers para protestar contra el gobierno bajo la consigna “se va a acabar la dictadura militar”.

Ubaldini -que llegó a estar al frente de CGT unificada y lideró los 13 paros al gobierno de Raúl Alfonsín- se convirtió por aquellos años en un asiduo concurrente al santuario del patrono del pan y del trabajo, especialmente cada 7 de agosto, el día de su festividad, y mantuvo una aceitada relación con los obispos más cercanos al peronismo.

Con el paso de los años, el auge de dirigentes sindicales de izquierda no peronistas provocaron que algunos gremios se distanciaran de la Iglesia. La elección de Jorge Bergoglio como Papa revitalizó el vinculo con el mundo obrero, pero particularmente con los movimientos sociales surgidos de la crisis de principios de milenio.

En medio de una creciente pobreza, Francisco decidió estar cerca de esas organizaciones -aquí y en América Latina- que congregan a desocupados o a trabajadores informales y respaldar la denominada economía popular, es decir, los emprendimientos ante la emergencia hasta la plena incorporación al mercado laboral.

Frente al aliento del Papa, el sindicato de la economía popular (UTEP) que encabeza Esteban ¨Gringo” Castro decidió a partir de 2016 participar de la festividad del patrono del pan y del trabajo, y marchar desde allí por “Tierra, techo y trabajo”, los derechos sociales que reivindica Francisco conocidos como las tres “T”.

En aquella ocasión, la Corriente Clasista y Combativa, (Juan Carlos Alderete), el Movimiento Evita (Emilio Pérsico) y Somos Barrios de Pie (Daniel Menéndez) crearon “Los Cayetanos”, un movimiento que a los ruegos al santo y las reivindicaciones de Francisco sumó sus propias demandas con un mayor voltaje político.

Este año -después de que en 2020 y 2021 las restricciones sanitarias por la pandemia impidieron una celebración masiva de San Cayetano- el Gringo Castro con un grupo de su organización decidieron sumar una peregrinación que partió el martes de la basílica de Luján y que concluyó este domingo en San Cayetano.

Tras la llegada de los peregrinos -entre los que se contaba el ex secretario de Asuntos Estratégicos Gustavo Béliz- a las cercanía del santuario, donde recibieron una bendición, se encaminaron hacia la avenida 9 de Julio para participar de una convocatoria de los movimientos sociales más cercanos al kirchnerismo.

Y aquí entramos en un aspecto pantanoso porque existe una delgada línea entre la religiosidad de los integrantes de los movimientos sociales y la politización de lo religioso. Es decir, entre algo tan respetable e íntimo como la fe de las personas y una eventual instrumentación política de las devociones populares.

Aún aceptando que los asistentes a estas expresiones tienen las mejores intenciones religiosas, deberían poner especial cuidado para que no se desnaturalicen con consignas partidarias y críticas a la oposición. Dicho de otra manera: los legítimos reclamos de pan y trabajo no deben conllevar una parcializacion política.

El Papa suele alertar sobre el riesgo de que los movimientos sociales caigan en una ideologización y entonces contaminen sus luchas y el desarrollo de la economía popular. Lamentablemente, no es fácil para estos grupos preservar la pureza política, entendida esta como la búsqueda del bien común.

Organizaciones como el Movimiento Evita y Somos Barrios de Pie no solo muestran una inclinación al kirchnerismo, sino que sus principales cabezas son funcionarios del gobierno. Mientras que otras agrupaciones como el Polo Obrero son liderados por dirigentes de partidos de izquierda.

Si realmente abrazan los postulados del cristianismo y se inspiran en la prédica de Francisco -y no buscan un aprovechamiento de lo religioso-, los movimientos sociales cercanos a la Iglesia deben, pues, evitar algo tan dañino para las religiones como su politización.

De paso, cuidarían así a Francisco, ya bastante criticado en su país.