Lunes 26.02.2024

ENTRE EL CIELO Y LA TIERRA

La desnaturalización de la Navidad

Por: P. Guillermo Marcó

Paradoja. La esta por el nacimiento de Jesús, ocurrido en un contexto más que austero, pasó a ser una celebración consumista. Pero las cosas no suplen la falta de afecto.
Comparte

En las navidades de mi infancia, más allá de que la gente fuese más o menos religiosa, había un clima de preparación festivo, de alegría y de deseos de paz y fraternidad expresados en tarjetas, llamados y visitas. Hoy, en cambio, pareciera que diciembre se volvió un mes donde los malos tratos, las actitudes violentas, el miedo y el saqueo expresan lo peor de nosotros y no, precisamente, nuestros buenos deseos. En medio de una sensación de indefensión, producto de un Estado muchas veces ausente, emerge la justicia por mano propia y, en n, una situación anárquica en la que se impone el todos contra todos. Las protestas por razones valederas no tienen en cuenta a los demás. Por caso, la reciente muerte por electrocución de un trabajador del subte porteño -a cuyos familiares les hago llegar mis sentidas condolencias- derivó en paro que perjudicó a un millón de personas que iban a trabajar.

Pareciera que la única manera de prepararse para la Navidad es ejerciendo la paciencia. Sin embargo, la realidad que rodeó al nacimiento de Jesús tampoco fue fácil. María y José sólo querían vivir ese momento en la paz de su casa en Nazareth. Pero la decisión de hacer un censo de un gobernante lejano -César Augusto- los empujó al riesgo de los caminos inseguros, lejos de su hogar, para ir a la ciudad de José: Belén. No había manera de anunciar su llegada y pedir que les prepararan un lugar. Solo viajaban con pocas cosas y con su esperanza puesta en Dios.
Al llegar, las puertas se cerraron.

Aunque el Evangelio no lo diga, lo normal es que hayan acudido primero a la casa de los parientes, pero allí no había lugar ... José terminó pidiéndolo en la posada, un sitio para viajeros. La hora se acercaba y Dios guardaba silencio. Qué dificil le habrá sido a San José entender la Providencia Divina: “¿Justo en esta noche tenemos que estar fuera de casa?¡Si es tu hijo el que va a nacer, danos un lugar digno para que sea posible!”. Hasta que aparece un lugar: “¿Un pesebre de animales? ¿Será esto lo que quiere Dios?”

¿En qué momento deformamos tanto esta esta? ¿Cuál fue la parte que no entendimos? Dios viene al mundo temblando de frío, casi a la intemperie, sin nada. ¿Cómo transformamos este acontecimiento en la esta del consumo desenfrenado? En Navidad tengo que tener de todo: comida y regalos materiales, y si no lo tengo lo pido con violencia, y sino me lo dan lo robo. Esto es más incoherente que la señorita pechugona del calendario vestida de Papá Noel. Este consumismo se nos coló en el alma.

El mensaje de la Navidad es que se puede prescindir de todo en la vida menos del amor. Las fiestas de los ricos no son necesariamente más alegres si se viven en una familia desunida. Las cosas no llenan la ausencia de afecto. Tampoco se dignifica la mesa del pobre si se la llenó con violencia y robo. Navidad es recordar que Jesús vino para todos, en particular para los más pobres, en un contexto muy precario, pudiendo hacerlo de otro modo. Pero él no se niega a nadie que quiera recibirlo con un corazón pacificado y pobreza de espíritu.