Miércoles 24.04.2019

ENTRE EL CIELO Y LA TIERRA

La fraternidad es más fuerte

Por: P. Guillermo Marcó

El asesinato de un sacerdote en Francia promovió gestos de solidaridad entre judíos, cristianos y musulmanes. El Instituto de Diálogo Interreligioso busca exportar la experiencia argentina de convivencia.
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Emoción, dolor y un solo mensaje: resistencia en la paz y aprender a vivir juntos. Católicos, musulmanes, judíos, protestantes y ateos despidieron, unidos y conmovidos, al padre Jacques Hamel, degollado en el altar de la iglesia de St. Etienne-du-Rouvray por la barbarie de dos jóvenes autoadoctrinados del ISIS en Rouen. En la catedral de esta ciudad, con restos de los daños que sufrió en los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial en Normandía, el arzobispo recibió a todos con un poderoso mensaje: ‘Nunca jamás esto’. Fue cuando saludó la presencia de los judíos y musulmanes, ‘muy marcados y decididos a estar más unidos que nunca, presentes en la iglesia’”, contó estupendamente la semana pasada en Clarín la corresponsal en Francia, María Laura Avignolo. Y agregó: “Una ceremonia solemne, conmovedora pero simple ‘como el corazón del padre Jacques’. Un mártir de la paz, de la tolerancia, de la convivencia, profundo normando, que murió a los 86 años dando misa, en el Año de la Misericordia y cuando cumplía sus 60 años de sacerdote. Su adiós fue un llamado a la unión, a la esperanza y la solidaridad intercomunitaria, con Francia en tensión. Cuando algunos hablan de la posibilidad de una guerra civil, de enfrentamientos intercomunitarios. Al menos ésta es la estrategia que pretende el ISIS”.

“Otros tantos fieles –señaló– esperaron en la plaza de la catedral, a veces bajo la lluvia, protegidos por paraguas y miraban la ceremonia desde una pantalla gigante. Muchos eran sus fieles en St. Etienne-du-Rouvray, pero otros jamás habían escuchado de él. También estaban los musulmanes, conmovidos, temerosos de ser estigmatizados, amalgamados con
los asesinos, llorando como los otros. Un ambiente emocionante, de unción y tolerancia, una semana después del asesinato que con- movió a un pueblo perdido de Normandía y al mundo”. Contó que “Fátima era una de ellas. ‘Soy musulmana y esto no es Islam. Yo sentía que tenía que estar aquí en un día como hoy’”.

Lejos por la distancia, pero unidos por los mismos sentimientos, aquí en Buenos el 9 de agosto fue declarado como Día del Diálogo Interreligioso, en conmemoración de una declaración interconfesional de condena al uso del nombre de Dios para ejercer la violencia contra quienes piensan distinto, luego de una serie de hechos sangrientos.
Aquel pronunciamiento fue suscripto por el entonces arzobispo de Buenos Aires, cardenal Jorge Bergoglio, y los presidentes de la DAIA y el Centro Islámico de la República Argentina, a propuesta del Instituto de Diálogo Interreligioso (IDI) que integramos con el rabino Daniel Goldman y el dirigente islámico Omar Abboud.

El 7 y el 8 de septiembre, en Roma, se realizará el primer congreso auspiciado por el IDI y la Organización de Estados Americanos (OEA), con participación del Pontificio Consejo para el Diálogo Intrerreligioso, para formar el IDI para las Américas. Estamos con- vencidos de que la buena experiencia de diálogo intercultural e interreligioso que tiene América latina puede ser útil en la grave situación que atraviesan Europa y Medio Oriente. Lo que empezó humildemente en Buenos Aires queremos compartirlo con todos como una respuesta a los violentos: a mayor violencia, más convivencia, diálogo y comprensión, para así contrarrestar la separación que quieren los violentos.