A dos días del traspaso presidencial

La Iglesia reúne a Macri y Fernández en misa contra la grieta en Luján

El Episcopado había convocado "al pueblo en general" a la celebración que presidirá su jefe, el obispo Ojea, por la Patria. Contra todo pronóstico, en el círculo de los presidentes saliente y entrante confirmaron su presencia. Por Sergio Rubin.
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Sergio Rubin

¿Será sólo una foto? ¿O un gesto que contribuirá a empezar a cerrar la famosa grieta? La respuesta por ahora es una obviedad: el paso del tiempo lo dirá. Aunque el desafío no es menor, lindante con la utopía. Pero -acaso nunca mejor dicho en el caso que nos ocupa- de los laberintos se sale por arriba. Lo concreto es que el presidente Mauricio Macri y su sucesor, Alberto Fernández, confirmaron a través de sus allegados su presencia en la misa por la unidad de los argentinos que la Iglesia oficiará a 48 horas del traspaso del mando, el domingo 8 de diciembre, Día de la Virgen, en la basílica de Luján.

La conducción del Episcopado -que agrupa al centenar de obispos del país- decidió convocar al oficio religioso -que presidirá su titular, el obispo Oscar Ojea- dada su preocupación por las tensiones sociales producto del deterioro económico y la persistencia de los elevados niveles de confrontación política. En verdad, no es una inquietud nueva de la Iglesia, pero sí que creció al compás de la profundización de la crisis y el fragor de la competencia electoral. Un cuadro que no parece haber mermado, si bien no se emparda con la situación de varios países de la región.

El propio monseñor Ojea había patentizado la preocupación eclesial en vísperas de las elecciones del 27 de octubre cuando en un video mensaje advirtió sobre el hecho de que "haya tantos hermanos nuestros en la calle con tantas necesidades" y la necesidad de preservar la paz social.

Además, consideró que "no se puede gobernar en el estado de división social en el que nos encontramos". Y que cualquiera fuese el resultado de las elecciones, ganare quien ganase, iba a hacer falta diálogo, acuerdos, en fin, escucharnos entre los argentinos".

Cuando la cúpula eclesiástica decidió la misa determinó que no se invitaría ni a las autoridades salientes ni entrantes, ni a nadie en particular, sino "a los hermanos en la fe y al pueblo en general".

No obstante, parecería muy verosímil que políticos, dirigentes empresarios, sindicalistas y referentes sociales serían de la partida. Pero era más arriesgado aventurar la presencia del presidente saliente y la del entrante. Sin embargo, este jueves, once días antes del oficio religioso, tanto Macri como Fernández decidieron ser de la partida.

Parecía más probable la concurrencia de Fernández porque -más allá del cortocircuito por su decisión de impulsar la legalización del aborto- venía elogiando al Papa y mostrando cercanía con el Episcopado, que respaldó su campaña contra el hambre y oficia de garante del diálogo con los movimientos sociales.

En cambio, Macri -que curiosamente en la campaña se mostró contra la legalización de aborto después de haber habilitado el debate- daba la sensación de estar más distante del pontífice y el Episcopado.

De hecho, Macri nunca terminó de enhebrar una fluida relación con Francisco. Y no sonaba a una decisión fácil exponerse a una ceremonia pública con su sucesor tras la derrota electoral.

De todas formas, se descuenta que Alberto Fernández instruirá a sus colaboradores para asegurar que la celebración transcurra respetuosamente dentro y fuera del templo. A fin de cuentas, hay coincidencia en que un oficio religioso ejemplar es lo mejor para las autoridades que se van y las que entran.

En la Iglesia se decía en los últimos días que convocar a una misa por la paz social y la unidad no significa hacer la vista gorda a las prácticas corruptas y propender a la impunidad de nadie. En ese sentido citaban otro pasaje del video mensaje de Ojea en el que alertaba sobre el riesgo de naturalizar la corrupción, al que consideró "el peor de los males, que tiene que ser probado y pagado en la Justicia, y que no solo es un delito, sino un estado que nos va ganando".

La celebración, prevista para las 11, será concelebrada por el flamante arzobispo de Mercedes-Luján, Jorge Scheinig, que tendrá a su cargo la predicación. No sería extraño que el Papa envíe una breve salutación, pero por ahora no hay nada confirmado al respecto. A fin de cuentas, en El Vaticano dicen que la grieta es el principal impedimento para su visita.

Después del encuentro que Macri y Alberto Fernández tuvieron al día siguiente de las elecciones -un hecho muy celebrado en la Iglesia- el vínculo entre ambos pareció enfriarse en detrimento de la grieta. La misa será otro motivo de encuentro con final abierto para la política argentina.


Fuente: Clarín / VR