MIRADA - AUTOR: José Luis D’amico

La infancia de Jesús según la mente y el corazón del Papa

Como en los dos libros anteriores sobre la vida adulta delH ijo de Dios, Benedicto XVI expone en el último de la serie su propia visión de cómo fueron la concepción en el seno virginal de María y su niñez. Y reafirma la veracidad histórica de los evangelios.
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Finalmente, Benedicto XVI acaba de plasmar totalmente un anhelo que comenzó a pergeñar cuando todavía
no era pontífice. Con la reciente presentación del libro “La infancia de Jesús”, Joseph Ratzinger completó
una trilogía sobre el misterio de Cristo que estuvo antecedida por “Jesús de Nazaret: del bautismo a la Transfiguración” (2007) y “Jesús de Nazaret: desde la entrada en Jerusalén a la resurrección” (2011). Presentado como una “antesala de los dos volúmenes precedentes sobre la figura y el mensaje de Jesús de Nazaret”, pese a que fue el último de la serie, el objetivo de la nueva entrega, como de las anteriores, es pastoral. El propio Papa lo dice claramente: “Ayudar a muchas personas en su camino hacia Jesús y con él”.
Es importante considerar con qué nos encontramos, y qué nos ofrece. Estamos ante un escrito que busca conectar los estudios bíblicos, con la teología y la espiritualidad, y eso nos hace considerar que la obra provoque el debate y el diálogo sobre muchos de los temas y conclusiones que de él puedan extraerse. El Papa, que en este caso se nos presenta como el destacado teólogo que siempre ha sido, nos ubica en la lectura: se trata de un libro que, apoyado en textos de estudios, expresa una interpretación personal. La honestidad intelectual del teólogo Ratzinger queda en el reconocimiento de que su interpretación no concluye en ninguna verdad de fe o dogmática: “Cualquier interpretación se queda corta respecto a la grandeza de los textos bíblicos”, señala.
En esta perspectiva, el Papa se ubica en una determinada línea de estudio e interpretación que él mismo reconoce y enuncia. Considera que los hechos narrados en los evangelios de la infancia (Mateo y Lucas) tienen todos ellos unfundamento histórico verdadero, y que luego han sido interpretados por las comunidades que redactaron los evangelios, generando una lectura teológica de los acontecimientos. Así lo explica hacia el final de su obra, siguiendo la postura de J. Daniélou, del cual dice que “llega a la convicción de que se trata de acontecimientos históricos, cuyo significado ha sido teológicamente interpretado por la comunidad judeocristiana y por Mateo”, haciendo referencia al relato de la adoración de los magos. Y concluye Benedicto XVI: “Por decirlo de manera sencilla: ésta también es mi convicción.”
Sin duda, hace una opción que se ve reflejada en toda la obra. Y esto es evidente también en los autores que el mismo Papa utiliza en su bibliografía, señalada al final de cada capítulo. En ella puede extrañar la ausencia de la referencia a autores que en los últimos años han publicado importantes obras sobre estudios de Jesús (R. Brown, J. Meier, G. Theissen, por citar solo algunos). El libro presenta una estructura propia para la reflexión continua y un abordaje intelectual de los evangelios de la infancia.
En el capítulo 1 se pregunta acerca del origen de Jesús, haciendo un profundo estudio sobre las listas genealógicas, de los evangelios de Mateo y Lucas, mostrando sus diferencias y semejanzas. A su vez, nos hace ver que Jesús “es uno de nosotros”. Y esto se repetirá en varios momentos de la obra: Jesús es parte de la historia humana, a la vez que confesamos que es el mismo Dios hecho hombre. El capítulo 2 nos presenta el misterio del anuncio del nacimiento. Dedica en esa parte un extenso comentario sobre el diálogo entre el ángel y María, siguiendo pasos muy detallados entre los versículos del texto, terminando  con una  reflexión particular sobre el nacimiento virginal, ante el cual se pregunta: ¿Se trata de un mito elaborado por la comunidad o de una verdad histórica? En este punto hace una recorrida por algunos relatos míticos o leyendas religiosas de Egipto, culturas griegas u orientales, y las compara con los  relatos de los evangelios, buscando demostrar tal como decíamos al principio que “los relatos de la infancia -afirma- son historia interpretada y, a partir de la interpretación, escrita y concentrada”, y que su fuente fue la tradición de la familia de Jesús. El capítulo 3 está dedicado al nacimiento  de Jesús en Belén. El Papa entra en un terreno de discusión entre varios exégetas actuales sobre el lugar de nacimiento. Mientras una gran cantidad de estudiosos opinan que Jesús habría nacido en Nazaret, otros -entre los cuales el Papa se incluye  explícitamente- consideran que Belén ha sido la ciudad que lo vio nacer. En el capítulo 4 se desarrolla la escena de la adoración de los magos, el seguimiento a la estrella y la persecución de Herodes a los recién nacidos, lo que provocó la huida de la familia hacia Egipto. El libro se cierra con un epílogo en el cual se presenta un comentario a la pérdida de Jesús en la peregrinación y su posterior encuentro entre los doctores de la Ley en Jerusalén, escena relatada en el evangelio de Lucas. Un dato particular es la referencia que hace el Papa al pesebre, y la simbología que el relato presenta. Algunos medios han querido hacer ver que el libro pretende hacernos excluir de nuestras imágenes navideñas a los animales que tradicionalmente incluimos. Sin embargo, el Papa hace una importante ref lexión sobre el simbolismo del asno y el buey, recurriendo a textos del Primer Testamento (Is 1,3; Habacuc 3,6; Ex 25,18-20). En este punto concluye la reflexión diciendo que “la iconografía cristiana ha captado ya muy pronto este motivo. Ninguna representación del nacimiento -dice- renunciará al buey y al asno”. El tema de la virginidad de María es abordado a partir del siguiente planteo: “La concepción de Jesús por obra del Espíritu Santo en el seno de la Virgen María, ¿es una realidad histórica, un acontecimiento verdaderamente ocurrido, o bien una leyenda  piadosa que quiere expresar e interpretar a su manera el misterio de Jesús?”. Seguidamente hace un
detallado recorrido por diversos relatos míticos y legendarios, muchas veces utilizados para compararlos
con los relatos evangélicos. Y afirma que “los relatos de Mateo y Lucas no son mitos ulteriormente desarrollados”. Según la perspectiva del Papa, las fuentes de estos textos provienen de tradiciones y contextos cercanos a la familia de Jesús, y que, al momento de redactar estos relatos, fueron confeccionados interpretando los hechos en nuevos contextos y con nuevas intenciones. Es destacable el lugar que da al tema de la pobreza de Jesús, su solidaridad con los pobres y la capacidad de estos para recibir el mensaje de salvación. Se presenta a Jesús como un marginado, que nació en un lugar no propicio, porque “no había para él lugar”; que fue recibido por los pastores, que representan a los pobres en general; que se manifiesta “entre pañales, como un signo y un “no signo”, porque se trata de la “pobreza de Dios”, reconociendo que toda su familia era pobre, y lo expresó en su ofrenda. En fin, se trata de una pobreza
que manifiesta una fuerza mucho más grande que cualquier otro poder, que se manifestó en la exclusión de Jesús desde su nacimiento hasta su muerte.
* El autor es licenciado en Teología con especialización en Sagradas Escrituras.