JUDIOS

La Mezuzá: símbolo de fe, amor y devoción a Dios

Por: Norma Kraselnik

Consiste en un trozo de cuero con pasajes de las Sagradas Escrituras, que se coloca en la entrada de las casas.
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Desde tiempos inmemoriales, el ser humano buscó la manera de resguardar y proteger su entorno.

Dentro del relato de la salida de Egipto, en el libro del Éxodo, cuando Dios envía la última y la más trágica de las plagas, la muerte de los primogénitos egipcios, los hebreos deben marcar los umbrales, jambas y dinteles de sus casas con la sangre del sacrificio de un cordero. Esa era la señal indicada por Dios para que la muerte pasara por alto, saltara sus moradas y no se vieran afectados.

Aquella protección divina derivó luego en la Mezuzá, palabra que literalmente significa “jamba, marco de la puerta” y consta de un pequeño trozo de cuero de un animal kosher que contiene quince versículos del libro del Deuteronomio: 6: 4-9; 11:13-21 y que se coloca en la jamba derecha de la puerta.

Al pasaje bíblico se lo conoce con el nombre de Shemá Israel (“Oye Israel”) y es el principio de fe, de amor y devoción que une al pueblo de Israel con su Dios. El mismo contiene los siguientes versos: “Por lo tanto, escribe estas palabras mías en tu corazón, Escríbelas en los postes de tus hogares y en tus puertas. Las enseñarás diligentemente a tus hijos, y hablarás de ellas cuando te sientes en tu casa, cuando camines por las calles, cuando te acuestes, y cuando te levantes”

Un escriba llamado Sofer Stam (acróstico en hebreo de los objetos que escribe: Sefer Torá - Pentateuco, Tefilin - filacterias y Mezuzá) es el encargado de escribir los 22 renglones que constituyen el texto reproducido en el pequeño cuero.

Luego se enrolla y se escribe en el reverso la palabra Shada (“Todopoderoso”), uno de los nombres de Dios que también significa “el que cuida las puertas de Israel”, en alusión a la tradicional ubicación del símbolo.

Finalmente se coloca en una pequeña caja o envoltorio de diversos materiales y con una infinidad de variantes artísticas.

El mandamiento de colocar la Mezuzá es una de las prácticas más observadas por los judíos de todo el mundo y a lo largo de todos los siglos. Uno debe colocarla si va a residir por más de 30 días en una casa y si vendiera la propiedad a un habitante judío no debe retirarlas.

Todas las puertas interiores de una casa también deben tener Mezuzá con excepción de baños, lavaderos, gimnasios, etc.

No obstante solo es costumbre besar o tocar la Mezuzá de entrada o salida de una casa. Esta práctica recuerda que cuando cruzamos el umbral de nuestro hogar consagrado hacia el exterior debemos asumir los principios de fe y conducta que rigen nuestras vidas y cuando cruzamos el umbral hacia el interior sabemos que allí se convive con los ideales del Shemá Israel.

Hay una bendición especial que se recita al colocar una Mezuzá y también hay que revisarla periódicamente para cerciorarse que el texto continúe legible.

Sin dudas, la Mezuzá constituye un objeto identitario del colectivo judío que se mantiene vigente por milenios de existencia y que al mismo tiempo resulta una expresión que sale al exterior de lo comunitario manifestando a viva voz que “aquí vive una persona judía”.

Cual centinela silencioso custodiando la morada, la Mezuzá nos conecta con lo espiritual de nuestra tradición y nos ayuda a orientar nuestra actitud de vida.