UNA SACRIFICADA SERVIDORA DE DIOS

La “mística de Münster”

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“Ana Catalina Emmerich mostró y experimentó en su propia piel ‘la amarga pasión de Cristo’”, dijo el Papa Juan Pablo II cuando, el 3 de octubre de
2004, cuando beatificó a la mística alemana. Se refería a los estigmas del padecimiento de Jesús que sufrió la monja, pero no sus relatos sobre los
momentos culminantes de la vida de Jesús, que se encuentran en la categoría de visiones privadas no reconocidas por la Iglesia. Con todo, esas visiones fueron y siguen siendo hoy, a casi dos siglos de su muerte, fuente de inspiración religiosa para muchos. Además de que otros relatos de la monja, como los referidos a la vida de la Virgen, tuvieron un correlato en la realidad al permitir el hallazgo de la casa de María en Efeso. Nacida en el pueblo de Flamsche, Münster, en el seno de una familia muy humilde y piadosa, ingresó a las 28 años en el monasterio de las Agustinas
de Agnetenberg. Su vida estuvo signada por enfermedades y una invalidez tras un accidente que la postró en 1813 hasta su muer - te en 1824. Desde  su lecho le dictó al escritor Clemens Brentano sus visiones. Pese a su severa limitación, desarrolló un fructífero apostolado por el que fue beatificada.