UNA OBRA EN NEUQUÉN ALENTADA POR EL PAPA

La monja que les devuelve su dignidad a las mujeres trans

Por: Sergio Rubin

Mónica Astorga las asiste para que dejen la prostitución y accedan a un trabajo. Logró que les construyeran viviendas.
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Las lágrimas no paraban de correr por el rostro de varias de ellas. Sus manos temblorosas les dificultaban tomar la llave de lo que a partir de ese momento sería la concreción de un sueño que jamás pensaron que se haría realidad: contar con una vivienda digna por el resto de sus vidas. Fue por iniciativa de una monja: la hermana Mónica Astorga Cremona, una carmelita del monasterio local que en 2006 comenzó a acompañar a mujeres trans de la ciudad de Neuquén, dándoles contención, tratando de que recuperen sus vínculos familiares, procurándoles un trabajo decente. En 2017 sumó un objetivo ambicioso: la construcción de una docena de monoambientes para las de mayor edad o con problemas serios de salud que hayan hecho un proceso para dejar la prostitución. Gracias al aporte de la municipalidad y del gobierno provincial y a su gran tenacidad, el mes pasado el proyecto se materializó a pesar de las duras críticas de sectores de dentro y fuera de la Iglesia.

Tras la emotiva inauguración del edificio la religiosa recibió el espaldarazo nada menos que del Papa, que la colmó de alegría. En respuesta a un mail que ella le había enviado para informarle del acontecimiento, Francisco -en una carta de puño y letra scanneda- le decía: “Querida Mónica, Dios, que no fue al seminario ni estudió teología, te lo retribuirá abundantemente. Rezo por vos y por tus chicas. No se olviden de rezar por mí. Que Jesús te bendiga y la Virgen santa te cuide. Fraternalmente”. Hace tres años el Papa le había escrito otra carta en la que le comunicaba que a ella y al convento “los tengo cercanos a mi corazón, como también a las personas con las que trabajan. Se lo podés decir”. Ya en 2009, cuando era arzobispo de Buenos Aires y fue a Neuquén, Jorge Bergoglio -consciente de las incomprensiones que ella sufría- la alentó: “No abandones este trabajo de frontera que te puso el Señor y para lo que necesites contá conmigo”

La hermana Mónica dice que “el término ‘frontera’ en la Iglesia tiene mucho significado porque implica trabajar con las personas ‘descartadas’ por la sociedad, con los que pocos se quieren involucrar”. Ello pese a que “la misión de la congregación es la oración ya que lo mío puede sonar contradictorio porque las carmelitas no podemos hacer trabajo pastoral, pero yo lo hago desde el convento y no  horas de oración y trabajo fraterno”. Si bien comenzó por ocuparse de jóvenes con adicciones y condenados a cadena perpetua, desde una parroquia cercana llegó un día al convento una chica trans para aportar su diezmo producto del “único trabajo que podemos hacer”, es decir, la prostitución. Habló con ella dos horas y le pidió que trajera a sus compañeras. Vinieron cuatro. Una de ellas le dijo que su sueño era tener una cama limpia donde morir porque “cuando salgo a la ruta no sé si vuelvo o termino en un hospital”

Aquel estremecedor encuentro la convenció de que debía hacer algo por ellas, sacarlas de su infierno. Así, empezó a acompañarlas procurando que las adictas dejaran las drogas y organizando talleres de capacitación en oficios para facilitarles su salida de la prostitución. Una de ellas contó una vez que gracias a la monja dejó el alcohol, tiene un taller de costura y después de 30 años se reencontró con su familia. Pero aquello de “contar con una cama limpia” siguió resonando en la mente y el corazón de Mónica. En 2017 consiguió que el municipio le donara al convento un terreno con el requisito de que sea “de uso exclusivo para trans”. Luego, le presentó al gobierno provincial - de otro signo político- el proyecto para construir doce viviendas bajo el régimen de “condominio social tutelado”. Tras su aprobación y la asignación de los fondos, fueron construidas por el Instituto Provincial de Vivienda, en el barrio Confluencia.

Sin embargo, conseguir el terreno y los fondos fue una parte del desafío de la hermana Mónica. También tuvo que sortear las resistencias porque su iniciativa “fue muy atacada”. Más aún: hubo vecinos que “no querían que se instalaran las trans e intentaron tomar el terreno”. Tuvo que ir a hablar con ellos para tratar de quitarles sus temores. “Hay gente que está esperando el fracaso de este lugar porque creen que es una locura juntar a doce trans, que habrá droga y prostitución y que no se podrá controlar. Piensan que son personas que no pueden salir adelante”, dice la religiosa. Desde la Iglesia no faltan quienes creen que la apuesta es muy riesgosa y puede leerse como “una aprobación de una opción sexual antinatural”. Preferirían que la obra se orientara hacia madres solas o discapacitados. “Pero si este proyecto funciona nos iluminará para hacer este tipo de obras para otros grupos vulnerables”, apuesta la hermana Mónica.

Por lo pronto, el condominio fue entregado para su administración a la orden de las Carmelitas Descalzas. Y la vida allí es seguida de cerca por la religiosa. “No es un hogar trans”, aclara. Las viviendas son entregadas en comodato, no se paga alquiler y, en caso de fallecimiento, son transferidas a otras mujeres de igual condición, no pudiendo permanecer su pareja en la eventualidad de que convivan con ella. Mónica señala que “si cumplen con el reglamento propio de cualquier alquiler se quedan de por vida, pero a quien no lo respete se le da un
aviso y al tercero se la saca”. Los departamentos tienen 40 metros cuadrados, están equipados con cocina y baño completos, calefacción y termotanque. El complejo incluye un salón de usos múltiples y un terreno para huerta y recreación. La religiosa acota que para muchas de ellas el baño es más grande que la habitación en la que vivían y por la que debían pagar mucho dinero solo por ser trans.

El día de la inauguración colgada del primer piso un cartel de la cooperativa Los Amigos, a cargo de la construcción, que rezaba: ¡Felicitaciones por el nuevo hogar!. Y una de las beneficiarias decía a quien quisiera escucharla: “Siempre vivimos en los peores lugares, pero ahora todo va a cambiar para nosotras: Voy a empezar a vivir de día porque con la prostitución lo hacía de noche”. En ese sentido, un dato impresiona: la expectativa de vida de ellas no supera la media de 45 años. Otra afirmaba: “Estoy re feliz, muy agradecida a Dios y a la hermana Mónica que se re portó con nosotras. Hay que hacerle un monumento a esa monja, está en todos los detalles. ¡La atacaron tanto! Pero con la fuerza de Dios sigue tirando por nosotras”.

De hecho, la hermana Mónica no se amilana. Dice que la fuerza ante las resistencias la obtiene “de la oración, de mi comunidad y de la formación que me dio”. Aclara ante las críticas internas que “respeta la opción de la identidad autopercibida. No soy quien para juzgarlas. Jesús me pide cuidar al ser humano tal cual se presentan, pidiendo ayuda. No tengo por qué obligarlos a que vuelvan a su identidad biológica”. Y señala que por ahora el objetivo es acompañarlas en su nuevo hogar porque “es un mundo nuevo para ellas, donde tienen que aprender hábitos que nunca tuvieron debido a que vivieron en condiciones pésimas y así puedan pasar el resto de su vida en un lugar digno, mantenerlo y soñar con hacer otras cosas que nunca hicieron”.