“La pandemia nos acercó a la oración”

Por: Pedro Brunori

Experiencia. El aislamiento despertó más interés por reflexionar sobre el sentido de la vida y en ser solidarios.
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Los desafíos de este tiempo misterioso de pandemia nos han ayudado a redescubrir la fraternidad: estamos para ayudarnos, no para competir. Porque, como dice el Papa Francisco, del virus nadie se salva solo. Dios es una compañía en la soledad. El cristiano, aunque pueda sentirse solo, sabe que no está solo. Y muchos, al salir del vértigo de la vida profesional y social, han podido reencontrarse con la fe en la soledad de la pandemia. Esta realidad ha manifestado -como la vida misma- ventajas y dificultades, y siempre oportunidades.

Te cuento algo personal: este año comencé predicando retiros a unas 100 personas. En abril ya, a través de YouTube, Facebook, Instagram, los escucharon más del doble. En mayo y junio, unas 600, para llegar a un pico de 750 en julio, y bajar en octubre, estabilizándose en unas 300. El resultado: en estos siete meses se triplicaron los participantes. La gente pareciera estar más interesada en encontrar y repasar temas que le ayuden a hablar más con Dios; a pensar en el sentido de su vida.

Con las celebraciones eucarísticas fuimos creciendo todos los meses a partir de 300 hasta unos 600 en julio, para caer abruptamente en octubre a unos 100. La posibilidad de poder retomar la misa presencial ha facilitado esta disminución. Pero la causa real, por lo que me decían, es que necesitaban la Gracia, que se recibe personalmente por los sacramentos (la confesión y la Eucaristía). Al ir a visitar sus casas y notar la alegría al poder recibir “personalmente” a Jesús y su amor, no deja de impresionarme el ver la repercusión física que tiene una realidad sobrenatural

Sintetizando, este tiempo de pandemia ha dejado un crecimiento del conocimiento “digital” en personas mayores que en cierta medida lo desconocían. También, un mejoramiento en las relaciones personales, que al hacerse más intensas y frecuentes, han servido para tomar conciencia de dificultades personales y tratar razonablemente de corregirlas, mejorando así la convivencia.

Me sorprendió también una mayor labor solidaria, con nuevas iniciativas (hospitales solidarios, panaderías, comedores…) y más ayudas y comidas para los necesitados, creciendo también la caridad y la ayuda a la Iglesia.

En lo espiritual, noto un mayor acercamiento a la vida de oración, sintiendo en las familias, de un modo más profundo, la necesidad de la gracia de Dios, siempre presente en la pandemia, en la vieja y nueva normalidad.

* Fundador del Vatican Information Service