LOS ELOCUENTES RELATOS DE UNA BEATA - autor: José Luis D’Amico

La Pasión de Cristo en toda su crueldad

Las visiones de la monja alemana Ana Catalina Emmerich sobre los momentos culminantes de la vida de Jesús impactan por su crudeza y minuciosidad, en contraposición con la sobriedad de los evangelios. Para muchos son fuente de inspiración espiritual.
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La lectura de las visiones de la monja Ana Catalina Emmerich acerca de la pasión, muerte y resurrección de Jesús nos deja impactados. El minucioso relato que la mística alemana -que vivió entre fines del siglo XVIII y principios del XIXhace a un escritor alemán desde su lecho de enferma durante sus últimos años de vida, sorprende por su crudeza. Siguiendo el mismo orden de los evangelios (desde la última cena hasta la resurrección), describe en forma exagerada, si se comparan sus narraciones con lo que dicen los evangelistas, los momentos de dolor del Señor,
dejando en claro que fueron peor de lo que podía suponerse.
La elocuencia que las visiones de Ana Catalina le imprimen a los momentos culminantes del paso de Jesús por este mundo atraviesa las casi 200 carillas de la transcripción hecha porC lemens Bren - tano, que dieron lugar a la obra conocida como “La amarga Pasión de Cristo”. Libro que, por otra parte, tuvo gran repercusión en su momento. Por ejemplo, respecto de la oración de Jesús en el huerto, en la cual, según el evangelio de san Lucas, el Señor “sudaba como gruesas gotas de sangre”, la religiosa dice haber visto que Jesús, “empapado en sangre”, oraba en una agonía casi  interminable. En los prolegómenos de su condena, cuando entre Herodes, Caifás y Pilato se dedican a decidir la muerte o liberación de Jesús, la
esposa de Pilato – según Ana Catalina- juega un papel especial. Se la llama por el nombre que aparece en uno de los evangelios apócrifos: Claudia Procra. Ella se muestra interesada en la libertad de Jesús, intentando mover el corazón de su esposo de todas las maneras posibles. Pilato, a pesar de los intentos de Claudia, sucumbe ante la avanzada del Sanedrín, y condena a muerte a Jesús. La visión de la monja sobre esta situación insume
varias páginas. 
Los dolores físicos de Jesús aparecen en las visiones de la mística alemana con impresionante intensidad desde el momento del arres - to y de la tortura. La flagelación y la coronación de espinas se describen mostrando la crueldad de los verdugos y la entrega de Jesús, indefenso, pero a la vez consciente de que DEBE soportar estos dolores porque la obediencia al Padre y la salvación de los hombres está por encima de su propia vida. El detalle de la f lagelación impacta especialmente. Ana Catalina afirma que la f lagelación duró “tres cuartos de hora” y que fueron dos turnos de  soldados (aclarando que estaban borrachos) los encargados de golpear, maltratar y f lagelar a Jesús. Dice que sus fuerzas f laquean en muchos momentos, cayendo “bañado en su propia sangre”, y que ante los golpes y atropellos, el Señor “miraba a sus verdu - gos con los ojos arrasados de sangre y parecía que les suplicara misericordia”. Esta súplica no fue atendida por los soldados, pues “la rabia de ellos se redoblaba y los gemidos de Jesús eran cada vez más débiles”. En medio de tanto dolor, dice que se destaca el consuelo de los ángeles, la oración sufriente del Señor, y el dolor  de María, que aparece abatida y sostenida por algunos discípulos y María Magdalena. 
Después de ser condenado a muerte, señala que Jesús es obli - gado a cargar con su propia cruz, al igual que ocurre en el relato deevangelio de San  Jan. Pero hace una importante diferencia: describe en forma muy detallada siete caídas del Señor bajo el peso de la cruz, mientras que en ninguno de los evangelios se dice algo similar, y la tradición piadosa del vía crucis solo nombra tres caídas. La última, según ella, ocurre en el lugar mismo donde iba a ser crucificado. Y añade que luego de caer, los soldados lo obligan a pararse tirando de él para levantarlo. Ana Catalina refiere ese  momento en estos términos: “¡Qué doloroso espectáculo representaba El Salvador allí de pie en el sitio de su suplicio, tan triste, tan pálido, tan destrozado, tan ensangrentado!”. Del relato de la mística alemana surge que quien está más cerca de Jesús en todo momento es su madre. María aparece sumida en un “indecible dolor” que hace que muchas veces se desmaye o pierda  la conciencia. Según Ana Catali -na, será la Virgen la primera testigo de la resurrección, a diferencia de lo que dicen los evangelios canónicos, que citan como la prime-ra testigo a María Magdalena. Una mujer que, de todas maneras, se presenta en las visiones muy cercana a María, en una relación cargada de afecto. El momento en que Jesús es clavado en la cruz es relatado de una forma particularmente cruda. La narración de los detalles de cómo fueron puestos los clavos, las dificultades “técnicas” de los soldados para clavar sus manos y sus pies, y el tormento de un cuerpo que ya no puede resistir más, no parece tener el pudor que sí tuvieron los redactores de los evangelios. En ese tramo, Ana Catalina se observa a sí misma en una actitud contemplativa, y dice que se hallaba “en la más profunda oscuridad donde no veía más que a mi Esposo clavado en la cruz”. Y agrega sobre ese momento que en medio de las “siete palabras” que Jesús sentencia a modo de despedida, todo el mundo queda sumido en la misma oscuridad. La muerte de Jesús, sin embargo,
es descrita con bastante austeridad. Simplemente dice que Jesús, luego de proclamar la “séptima palabra” (“Padre mío, en tus manos encomiendo  mi espíritu”), dio un grito “a la vez suave y fuerte, que se oyó en el cielo y la tierra. Después de esto, Nuestro Señor inclinó la cabeza y entregó su  espíritu”. De todas formas, la lectura de “la amarga Pasión de Cristo”, debe ser hecha considerando que se trata de visiones personales, íntimas, de Ana Catalina, y que éstas no tienen otro asidero histórico más que su propia interpretación.