Miércoles 24.04.2019

EDUCACION

La religión por Internet también hace escuela

Por: María Montero

Los colegios católicos porteños cada vez utilizan más la web para la catequesis y la transmisión de los valores. También, para campañas solidarias.
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En el último discurso ante la Congregación para la Educación Católica de la Santa Sede, el Papa Benedicto XVI afirmaba que “Internet, por su capacidad de superar las distancias y de poner en contacto recíproco a las personas, presenta grandes posibilidades también para la Iglesia y su misión”. Y señalaba que el uso inteligente y prudente de este instrumento “no sólo puede servir para los estudios, sino también para la acción pastoral en los distintos campos, como la evangelización, la acción misionera, la catequesis, los proyectos educativos y la gestión de las instituciones”.
Según el licenciado Santiago Fraga, secretario ejecutivo y especialista en nuevas tecnologías de la Vicaría Episcopal de Educación del arzobispado porteño, hoy las escuelas católicas van descubriendo caminos para que la formación religiosa utilice tanto Internet como otros canales de comunicación social. “Estos nuevos modos de comunicarse, relacionarse y de aprender que tienen los jóvenes, inmersos en un mundo multimedial  
e interactivo -explica- son usados en la catequesis, que intenta tender puentes por un lado, entre lo que conocen y les gusta, y por otro, lo que necesitan aprender”.
Un ejemplo del alcance que pueden tener estas tecnologías en la promoción de valores como la caridad fue la campaña solidaria “10 para Chile” luego del terremoto, realizada en conjunto con Cáritas Buenos Aires. “Los nuevos desarrollos y formas de participación en lo que hoy llamamos web 2.0 permitieron que en 72 horas más de 200 jóvenes de diversas escuelas de Buenos Aires se comprometieran, propusieran ideas para comunicar 
la campaña, compartieran estrategias para juntar recursos o relataran mutuamente sus experiencias”, explica el especialista, quien valora la experiencia como una forma abarcativa desde lo educativo, religioso y solidario. Los nuevos medios, donde el alumno ya no es un simple receptor
pasivo sino el protagonista, cobran un valor preponderante enla educación de estos tiempos, ya que no sólo modifican el modo de comunicar, sino la comunicación misma. “Tratamos de promover que los chicos no sean sólo consumidores de información, sino que creen sus propios materiales, donde los valores morales y religiosos estén presentes con el lenguaje que emplean habitualmente: el visual e informático”, dice Fraga. Y agrega que con los avances tecnológicos “hoy es posible producir un corto, invirtiendo el equivalente al valor de 5 libros y difundirlo gratuitamente por los canales de video como YouTube, vimeo y muchos otros. 
Una de las últimas producciones videográficas de la Vicaría de la Educación fue “¿Quién?”, que destaca los desafíos y esfuerzos de los catequistas y docentes”.
Profesores de religión y catequesis ven, en estos nuevos lenguajes, la capacidad de forjar y difundir estilos de vida, de exaltar o envilecer los valores morales. Por eso desde las escuelas de educación católica se busca establecer criterios y principios orientadores para los educadores, y se les  enseña a usarlos. “No se puede ignorar que vivimos una cultura mediática por lo que esto lleva a que también se esté transformando el modo de
enseñar y que los docentes deban aprender otros aspectos de la práctica docente”, dice Fraga. 
En otro momento del mismo discurso, el Papa insistía en la “extrema importancia de contar con formadores adecuadamente preparados para que sean guías fieles y siempre actualizados en el uso correcto y positivo de los medios informáticos”, si bien advertía que “el contacto virtual no puede y no debe sustituir el contacto humano directo, en todos los aspectos de nuestra vida”. 
En línea con el pontífice, Fraga asegura que, aunque la educación cambie y la tecnología ofrezca posibilidades impensadas, éstas herramientas “son siempre medios para rescatar lo más valioso de toda sociedad que son las personas que le dan vida, porque los valores de diálogo, respeto o sinceridad requieren de las experiencias que sólo se pueden ofrecer.