LOS COMEDORES COMUNITARIOS EN LA CUARENTENA

La satisfacción de cocinar para los que más lo necesitan

Por: María Montero

Cada día se levanta a las 5 y prepara viandas con almuerzos y meriendas para 300 familias en la villa de Barracas.
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Gregoria Segovia tiene 65 años. Llegó de Paraguay hace 35 y se instaló en la Villa 21-24 de Barracas. En el barrio viven también sus 6 hijos, 15 nietos y un bisnieto. Cada día se levanta a las 5 de la mañana para cocinar para 300 familias vecinas. “Quisiera que alcanzara para más –se lamenta- pero la cocina no aguanta porque aquí no hay gas natural”. Junto al padre Lorenzo “Toto” de Vedia, son los responsables del comedor Trencito de Vida, a pocas cuadras de la parroquia Nuestra Señora de Caacupé, uno de los tantos comedores que existen dentro dela villa y que entregan miles de raciones de comida diariamente.

Desde que se inició la cuarentena se hicieron más visibles las necesidades que ya tenían los barrios carenciados, donde a la precariedad de las viviendas, los trabajos informales de sus habitantes y la falta de los servicios básicos, ahora se suma el hambre. Tal vez lo que en definitiva puso de manifiesto la pandemia fue la desigualdad o, como dijo el Papa Francisco, “el egoísmo indiferente”.

Son muchas las personas que buscan una vianda o retiran bolsones de mercaderías, pero también en este contexto de dolor y dificultad se ven muchas muestras de solidaridad. Además del Estado, empresas y particulares se movilizaron para acercar donaciones en dinero y productos en diferentes zonas de la capital y el gran Buenos Aires. Claro que falta mucho todavía.

“En esta cuarentena viene gente a buscar comida o un bolso de mercadería que antes no necesitaba –asegura Gregoria-, por eso siempre cocino un poco de más porque cuando vienen a pedir no puedo negarles”.

“Desde el gobierno de la Ciudad nos envían la carne, el pollo y la verdura, y fijan el menú que tenemos que cocinar para 15 días –revela -, pero no es suficiente debido a tanta necesidad”

Su día comienza muy temprano, porque para poder entregar las viandas a las 12 del mediodía, las grandes ollas necesitan varias horas de cocción sobre la cocina y un anafe de dos hornallas. También, de ayudantes que puedan moverlas. “A las 9 de la mañana comenzamos a desinfectar con alcohol los bolsos, protegidas con guantes y barbijos –explica Gregoria-, dos horas después armamos los tupper de las viandas que retiran sin hacer cola para mantener el distanciamiento”. Cada bolso y vianda lleva el nombre y la cantidad de integrantes de la familia.

Su día termina alrededor de las 7 de la tarde, después de repartir la merienda y de adelantar la preparación de la comida del día siguiente. “Yo hace tantos años que vivo acá, crié a mis hijos y nietos. La realidad es que quisiera hacer más, pero es lo máximo que puedo ahora”. Y con pena, agrega: “Si bien no tengo contacto con la gente porque por mi edad soy persona de riesgo, me voy enterando de los que están infectados en el barrio y rezo a Dios por ellos y también por mí, para que me proteja, porque la verdad es que tengo miedo”. Y no es para menos. Según los datos de fin de mayo, la villa 21-24 tenía 202 enfermos de coronavirus. En total en el barrio de Barracas había 368 casos cada 100 mil habitantes.

A pesar de ello, Gregoria no baja los brazos. Por el contrario, la impulsa a priorizar a los que más necesitan: “Le digo a las chicas que me ayudan que siempre primero es la gente que tiene hambre y después nosotras”. Ni tampoco la vuelve indiferente a lo que viven sus vecinos: “Una de las chicas que fue a llevarle la comida a una familia me dijo que un bebé de 2 años se infectó –cuenta-. A la mamá le dio negativo el hisopado y el papá y sus hermanos no tienen síntoma pero están aislados. Cuando me lo contó me puse a llorar. Es que una hace esto con amor y que alguien se infecte me duele porque son personas que conozco y veo todos los días”

“Aquí hay mucha gente infectada –advierte Gregoria- y por eso yo le diría a todos que respeten la cuarentena, que tomen conciencia, porque podemos terminar esta pandemia todos juntos. Como dice el Papa, no nos vamos a salvar solos”.