ENTRE EL CIELO Y LA TIERRA

La suspensión de la misa nos interpela

Por: P. Guillermo Marcó

Una polémica que crece. La cuarentena obligó a suspender la celebración de la eucaristía, entre otros oficios. Las periódicas renovaciones de las restricciones llevan a estudiar su vuelta cuidando la salud.
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Hay un debate en torno al regreso de las celebraciones religiosas en medio de la pandemia. Si bien la mayoría de las comunidades católicas se mantuvieron unidas a través de las reuniones y celebraciones virtuales, lo presencial es inherente a la realidad del culto. Cabe preguntarse sobre todo si podemos privar durante tanto tiempo a la gente de su alimento espiritual, tan necesario en estos tiempos de pandemia.

Monseñor Victor Fernandez, presidente de la comisión de Fe y Cultura del Episcopado escribía: “Como dijo el Santo Padre, en este contexto ya no podemos pensar en salvarnos solos. Nosotros, como Iglesia, intentamos unirnos al sufrimiento de todos y hacer humildemente nuestro aporte: no sólo brindando recursos espirituales, sino también acrecentando la labor de Cáritas, ofreciendo espacios físicos para diversas necesidades, etc. Pero cuando pensamos en sostener la vida interior de los fieles y en alentar su crecimiento, nos encontramos con la dificultad grave de verlos privados de la eucaristía durante mucho tiempo, previendo además que esta situación pueda prolongarse por varios meses”.

Agregaba que “sin dar lugar a fanatismos, hay que reconocer que esto nos plantea un dilema. Porque el Concilio Vaticano II enseña que ‘no se edifica ninguna comunidad cristiana si esta no tiene su raíz y centro en la celebración de la Sagrada Eucaristía’  (PO 6). San Juan Pablo II remarcaba que la Misa ‘antes que un precepto debe sentirse como una exigencia inscrita profundamente en la existencia cristiana’ (DD 81). Es comprensible entonces que muchos fieles nos reclamen que busquemos alguna manera de volverla accesible. Nosotros les decimos que pueden experimentar otras formas de oración, y lo hacen, pero ya decía San Juan Crisóstomo: ‘También puedes orar en tu casa; sin embargo, no puedes orar igual que en la Iglesia, donde se reúnen los hermanos’”.

Hemos fomentado en este tiempo el valor de la comunión espiritual.

Aunque comulguemos materialmente, los frutos que de allí se obtienen siguen siendo espirituales. Tras admitir que la especial circunstancia torna difícil discernir qué hacer, monseñor Fernandez considera “indispensable que demos un claro mensaje a nuestro Pueblo de Dios mostrando que de verdad esto nos preocupa y que intentamos dar algún paso que permita resolver esta situación lo más pronto posible, pero sin dejar de acompañar la preocupación sanitaria de las autoridades. Sabemos que exponerse al contagio es una irresponsabilidad, sobre todo porque implica exponer a otros al contagio e indirectamente puede favorecer una situación de crisis sanitaria que no queremos ver en nuestro país".

En la provincia del Chaco, particularmente golpeada por el Covid-19, el gobernador autorizó “misas, reuniones y congregaciones religiosas con un cupo máximo de fieles que no supere el 33% de la capacidad del lugar al que concurran, hasta las 19 horas, sin rituales que impliquen el contacto físico y con las medidas sanitarias obligatorias como el uso de barbijos”.

Por mi parte, creo que los fieles podrían seguir participando de las misas completas online y en las parroquias -ahora que se permitió reabrir los templos- , en diferentes horarios, sin amontonamiento, de una celebración de la Palabra breve y con acceso a la comunión, respetando las normas de distanciamiento.