Las “chispas” que iluminan el alma

Por: Daniel Goldman

Enseñanzas milenarias. La celebración de Lag Baomer es ocasión para meditar sobre los significados del fuego.
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La noche del lunes pasado dio inicio a la celebración de Lag Baomer. Si bien este año resulta imposible, la costumbre en este festejo es la de cantar y danzar reunidos alrededor de un fogón. Esta alegre modalidad de dedicación se realiza en memoria del maestro Rabí Shimón bar Iojai, quien fuera el ejemplo del mayor líder educativo, habiendo resistido al intento del Imperio Romano de borrar la existencia política de Israel, a finales del Siglo I e inicios del Siglo II.

Quisiera en esta columna rescatar el valor simbólico del fuego como un potente elemento en las culturas antiguas, y en este caso, en la tradición judía.

Desde los pensadores y filósofos de antaño, llegando a los modernos poetas, el fuego sigue siendo venerado como una metáfora que inspira a los grandes sentimientos que interpelan al hombre.

La historia de Pesaj, la Pascua Hebrea, comienza con el relato de la zarza ardiente que no se consume, lo cual revela la presencia divina a Moisés. El fuego en forma de columna que precede al momento del éxodo de Egipto, funciona como una guía para saber hacia dónde deben dirigirse esos hombres liberados de la esclavitud. La fiesta de Shavuot, Pentecostés, porta el fuego como signo de la luz, al momento de ser otorgadas las Tablas de la Ley en el Monte Sinaí. Antes de comenzar cada Shabat iluminamos nuestro hogar con dos velas, a modo de bienvenida a la jornada sagrada de la semana. En la oración final de la liturgia del 9 de Av, día nacional de duelo, se pronuncian las palabras del profeta Zacarías, quien declara que así como se destruyó a Jerusalén con fuego, el Señor usará el mismo elemento para su reconstrucción. Y en Janucá, Fiesta de las Luminarias, durante ocho días el fuego resulta el leit motiv de la celebración.

El Talmud sostiene que después de la confección de la vestimenta, el dominio del fuego es el primer acto de la creación humana. Y en más de una oportunidad escuchamos decir que el fuego arde en nuestra alma.

En definitiva, acorde a las enseñanzas milenarias, existen tres significados sobre el fuego en nuestra tradición.

El primero es el fuego como “reverencial”. Es un elemento ceremonial para honrar a Dios.

El segundo es el fuego como “revelación”. Despierta un sentido de misterio divino y de asombro humano, ya que la Divinidad se manifiesta en llamas y luz.

El tercero es el fuego como “sabiduría”. Dice el Midrash que la Torá se asemeja a un fuego negro (las letras) grabado sobre uno blanco (el cuero, el papel).

El fuego es símbolo de fragilidad y paradójicamente de fuerza de vida. El fuego es el signo de sustancia de cambio continuo. Y el fuego es el emblema de un lugar para congregarnos y sentir calidez.

La multiplicidad inagotable de los símbolos nos convoca a que puedan ser leídos e interpretados como buenas fuentes de ideas, de encanto y de magia.

Es mi deseo que en este Lag Baomer, cada uno de nosotros, unidos y a la distancia, hayamos percibido la armonía de esas chispas que se elevan e iluminan el alma.