Domingo 14.04.2024

La difusión del texto fue adelantada

Las meditaciones del Vía Crucis, un diálogo del Papa con Jesús

Francisco compartió horas antes sus reflexiones para las 14 estaciones en el Coliseo. Abarcan preguntas, confesiones e invocaciones en torno al padecimiento de Jesús y las figuras que intervienen. "El sufrimiento no tiene la última palabra", afirma.
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Las meditaciones del Papa Francisco para el Vía Crucis de este Viernes Santo -leìdas en su ausencia por el Vicario del Obispo de Roma- fueron un diálogo con Cristo, compuesto de reflexiones, preguntas, introspecciones, confesiones e invocaciones. 

Los sufrimientos de Jesús en el camino al Gólgota, la mirada amorosa de María, las mujeres que ofrecen su ayuda, Simón Cireneo y José de Arimatea: todas estas figuras provocan un examen de conciencia que luego se convirtieron en oración, con una invocación final que repite el nombre de Jesús catorce veces.

El viaje de Jesús a lo largo del Vía Crucis, en las meditaciones del Papa Francisco revela profundas lecciones sobre la oración, la compasión y el perdón.

En la primera estación, el silencio de Jesús ante la condena injusta encarna la oración, la gentileza y el perdón, demostrando el poder transformador del sufrimiento ofrecido como regalo. Este silencio, a menudo ajeno a la humanidad moderna, preocupada por el ruido y el ajetreo, subraya la importancia de escuchar los corazones en la oración.

María: un regalo a la humanidad

El encuentro con María, la madre de Jesús (cuarta estación), la muestra como un don concedido a la humanidad. Ella encarna la gracia, el recuerdo de las maravillas de Dios y la gratitud, instándonos a acudir a ella en busca de consuelo y guía. La asistencia de Simón de Cirene al llevar la cruz (quinta estación) suscita una reflexión sobre la dificultad de buscar ayuda en medio de los desafíos de la vida, enfatizando la importancia de la humildad y la confianza en los demás.

El coraje de la compasión

En medio de la condena y la burla de la multitud (sexta estación), el acto compasivo de Verónica, que limpia el rostro de Jesús, ilustra el amor en acción. A pesar del peso de la humillación y la derrota, la resiliencia de Jesús al levantarse después de caer (séptima estación) refleja las propias luchas con las presiones de la vida y la capacidad de redención a través del perdón de Dios.

La grandeza de las mujeres

El encuentro con las mujeres de Jerusalén (octava estación) genera el reconocimiento de la grandeza de las mujeres, que a menudo se pasa por alto, y que exhiben una profunda empatía y compasión. Contemplar a Jesús despojado de sus vestiduras (novena estación) invita a ver la divinidad en el sufrimiento, instando a despojarse de las superficialidades y abrazar la vulnerabilidad.

La hora más oscura

En la hora más oscura del abandono (undécima estación), el grito de Jesús enseña el valor de expresar la angustia a Dios en medio de las tormentas de la vida. La redención del ladrón (duodécima estación) transforma la cruz en un símbolo de amor, ofreciendo esperanza incluso en la muerte. El abrazo de María a Jesús sin vida (decimotercera estación) significa aceptación y fe en el poder transformador del amor.

Finalmente, el digno entierro de Jesús por parte de José de Arimatea (decimocuarta estación) resalta la reciprocidad del amor, indicando que cada acto ofrecido a Dios recibe abundante recompensa.

Fuente: Vatican News