otro gesto controvertido del pontífice

Lesa humanidad: El Papa envía más de 50 rosarios a militares presos

El pontífice se los entregó al obispo castrense, Santiago Olivera, y le dijo que eran para que "sigan rezando". Se interesó por las causas y llamó a trabajar para lograr Justicia ante las prisiones preventivas extendidas. El análisis de Sergio Rubin.
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En un gesto controvertido, aunque irreprochable desde el punto de vista religioso ya que constituye un mandato evangélico asistir espiritualmente a los reclusos, el Papa Francisco envió más de medio centenar de rosarios a presos por delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura. Fue a través del obispo castrense, monseñor Santiago Olivera, durante una audiencia que le concedió ayer en El Vaticano.

El propio Olivera a través del sitio de su obispado lo confirmó horas después. “El Papa me ha entregado Rosarios, para que sean enviados a los militares que están presos en la cárcel, también para los están en sus casas de detenidos, para que sigan rezando”, señaló el obispo castrense quien asumió hace tres años y se convirtió en un severo critico de la prolongaciones de prisiones preventivas a represores.

Olivera dijo que “el Papa se interesó sobre el caso de quienes están presos, los que sin condena están en prisión preventiva. Sobre este aspecto, me animó a seguir trabajando para que se viva en la justicia, a trabajar por el encuentro por la paz, por la concordia”. En declaraciones al diario La Nación, señaló que coincidió con el Papa en que las prisiones preventivas “exageradas” no son justicia.

“Lamentablemente a veces se puede recurrir a prácticas que, intentando ser ejemplares, desembocan en situaciones de flagrante violación a las normativas sobre la prisión preventiva, aún a personas mayores de 70 años, y con claro deterioro en su salud, por ejemplo, llevándolos a las salas de audiencias en camillas”, había dicho el año pasado en Roma Olivera en declaraciones periodísticas.

“¿Podemos hablar de derechos humanos con 10 años de prisión preventiva, es decir, sin condena?”, se preguntaba. Y agregaba: “No podemos quedar callados cuando se priva a los acusados del derecho fundamental del debido proceso, como así cuando se les niega el beneficio que por edad o estado de salud está previsto en cuanto a la detención en su domicilio y cuando son excluidos de una asistencia médica elemental”.

Consciente de que el gesto del Papa iba a suscitar polémica, Olivera dijo que algunos de los presos por delitos de lesa humanidad le reclamaban por el hecho de que el pontífice le había enviado un rosario a Milagro Sala mientras estaba en prisión y no a ellos. En aquel momento, el entonces rector de la UCA, el obispo Víctor Fernández, muy cercano al Papa, aclaró que se trató de un gesto religioso, no político.

Ya antes, en 2013, Francisco le había enviado un rosario a Patricio Fontanet, vocalista del Grupo Callejeros, cuando estaba preso por el incendio en el boliche Cromañón que en diciembre de 2005 causó 195 muertos. En los últimos meses le envió otro a la esposa del ex vicepresidente Amado Boudou, condenado por el intento de apropiarse ilegalmente de la imprenta Ciccone.

Monseñor Olivera  fue recibido por el Papa en una audiencia privada la Biblioteca Privada de Palacio Apostólico que se extendió poco más de 45 minutos, ocasión en la que hablaron de la acción de la Iglesia argentina en el ámbito castrense y de las fuerzas de seguridad. En la ocasión le dijo que a su regreso al país pedirá una audiencia con el presidente lberto Fernández “para manifestarle el deseo como Iglesia este deseo de trabajar juntos por el encuentro de los argentinos y por la fraternidad”.

También le contó sobre la imagen de la Virgen de Luján que estuvo en las Islas Malvinas y que el octubre pasado Gran Bretaña restituyó a la Argentina y que actualmente peregrina por todo el país. “El Santo Padre, instantáneamente, se quitó su Solideo (el gorrito blanco) y nos lo entregó en mano, un gesto maravilloso y plagado de amor a nuestra Madre, para que esté junto a la esa imagen”.

“He podido hacer un camino para que podamos seguir conversando, ha quedado un canal abierto para seguir conversando sobre esta realidad y de tantos fieles de mi Diócesis que están particularmente sufriendo. No solo, los que están detenidos o presos, sino los que tienen sus familiares fallecidos, sin olvidarnos de las familias que están sufriendo más, por tanto me voy muy feliz, muy reconfortada con esta visita al Santo Padre”, concluyó Olivera.

Antes de despedirse, Olivera, le entregó el libro Cura Gaucho, Pastor con olor a Oveja, obra de su autoría en versión italiana, editada por la Librería Editrice Vaticana. También le obsequió, el libro, Un canto a la Patria, escrito por Arturo C. Larrabure, quien dedica el volumen, “A mi padre, Cnl. Argentino del Valle Larrabure”-ejecutado por Montoneros luego de un largo y cruel cautiverio-, volumen que Su Santidad recibidó con con mucha atención”, dijo.

Olivera sucedió en el cargo hace tres años a monseñor Antonio Baseotto, quien fue echado unilateralmente por el entonces presidente Néstor Kirchner, quien consideró que había hecho una apología de los llamados vuelos de la muerte en los que presos políticos eran arrojados al mar. La decisió, no aceptada por El Vaticano, provocó una vacancia de una década.

Fuente: VR y Clarín