ENCABEZADOS POR EL PAPA FRANCISCO

Líderes religiosos aúnan esfuerzos en favor de la paz

Por: Sergio Rubin

Se comprometieron durante un acto en Roma, junto al Coliseo, convocados por la Comunidad San Egidio.
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Lejos de amainar, los conflictos armados siguen y hasta amenazan con expandirse en el mundo. Los desplazamientos forzados de cientos de miles de personas continúan. Y el deterioro del medio ambiente no se detiene. Todo eso está a la vista para quien quiera verlo. Acaso menos visible porque no ocupa mucho la atención de los medios de comunicación es la cada vez mayor respuesta mancomunada de las principales religiones a semejantes desafíos. Un ejemplo palmario se produjo hace pocos días en Roma con ocasión del Encuentro por la Paz que congregó a líderes de distintas confesiones, entre ellos el Papa Francisco, quienes se comprometieron por escrito a intensificar sus esfuerzos por la convivencia pacífica, la atención de los descartados y la preservación de la “casa común”.

El encuentro -que constituyó su trigésima quinta edición tras la histórica jornada interreligiosa por la paz que Juan Pablo II encabezó en 1986 en Asís- fue organizado por la católica Comunidad San Egidio y tuvo como tema “Pueblos hermanos, tierra futura. Religiones y culturas en diálogo”. Durante las dos jornadas que abarcó expusieron referentes de los cultos y especialistas. El cierre se realizó junto al Coliseo y, además del pontífice participaron el gran imán y rector de la Universidad de Al Azhar, de El Cairo, Ahmed Muhammad Ahmed El Tayeb; el presidente de la Conferencia de Rabinos de Europa, Pinchas Goldschmidt; el patriarca ortodoxo de Constantinopla, Bartolomé I, y el arzobispo de Canterbury (líder de la Iglesia anglicana), Justin Welby, entre otros.

Delante del primer ministro italiano Mario Draghi y la canciller Angela Merkel -que quiso ir a despedirse del Papa con motivo de dejar su cargo- los líderes religiosos pronunciaron unas palabras. A su turno, el Papa abogó por “menos armas y más comida, menos hipocresía y más transparencia, más vacunas distribuidas equitativamente y menos fusiles vendidos neciamente”. Además, les dijo a los dirigentes religiosos: “Es nuestra responsabilidad, queridos hermanos y hermanas creyentes, ayudar a extirpar el odio de los corazones y condenar toda forma de violencia”. Y exclamó: “Les ruego, en nombre de la paz, que en toda tradición religiosa desactivemos la tentación fundamentalista, cualquier insinuación de hacer del hermano un enemigo”.

En la declaración por la paz que suscribieron, los clérigos lamentaron que “se esté rehabilitando el uso de la fuerza como instrumento de política internacional”, criticaron el comercio de armas y consideraron que la proliferación del armamento nuclear es “una amenaza increíble”. Destacaron, en fin, que “nadie puede usar el nombre de Dios para bendecir el terror y la violencia”

Hacia el final, un grupo de niños pasó por el estrado a recoger de manos de los líderes religiosos una copia del mensaje en señal de que son los más pequeños los que más sufren las guerras. Y una mujer afgana que recientemente escapó de su país leyó un mensaje. Por último, Bartolomé I efectuó la invocación final y los presentes se abrazaron en un gesto de paz