MUSULMANES

Los antiguos escritores islámicos, precursores de la ciencia ficción

Por: Ricardo Elía

Los nacimientos sobrenaturales y los alienígenas están presentes desde la Edad Media en su literatura.
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Casi 500 años antes de la que está considerada como la primera obra de ciencia ficción del mundo occidental, que fue El hombre en la luna o discurso de un viaje allí por Domingo González, el raudo mensajero, compuesta por el obispo inglés Francis Godwin (1562-1630), el filósofo hispanomusulmán Abu Bakr Ibn Tufail (1105-1185) redactó la novela filosófica titulada Epístola del Vivo Hijo del Despierto, donde describe a un ser humano que nace solo en una isla desierta por generación espontánea. Se la suele titular, sin embargo, “El filósofo autodidacto” siguiendo el título que le dio su primer traductor al latín Edward Pococke (1604-1691), el arabista inglés de la Universidad de Oxford.

El personaje de Ibn Tufail crece y por sus propios medios, apelando al ingenio y al esfuerzo intelectual, en un alarde de empirismo y autodidactismo, obtiene el más elevado conocimiento que le permite descubrir la existencia de Dios y del universo. Para el filósofo alemán Ernst Bloch (1885-1977), “El Despierto es el entendimiento activo, general, que colma a los humanos y los vincula entre sí”. Ibn Tufail es el primer autor en la historia de la humanidad en demostrar las teorías de empirismo y la tabula rasa como experimentos de pensamiento que representó a través del desarrollo de la mente de un asilvestrado niño “desde una tabula rasa a un adulto, en completo aislamiento de la sociedad” en una isla desértica. La teoría de la tabula rasa más tarde ocasionó el debate “innato o adquirido” en la psicología moderna.

Ibn Tufail, que fue el maestro del médico, filósofo y jurista cordobés Averroes (1126-1198), cita a los filósofos al-Farabi (870-950) y Avicena (980- 1037), y a su propio maestro, el zaragozano Avempace (1085-1139), como los principales influyentes de su trabajo. Sin embargo, la moraleja que nos deja este sabio nacido en la ciudad de Guadix (hoy en la provincia de Granada, comunidad autónoma de Andalucía, España), durante el tiempo del emirato de los almorávides, es que “el mejor maestro es aquel que te enseña a ser maestro de ti mismo”.

El hispanista alemán Karl Vossler (1872-1949) a la hora de dictaminar sobre la singular obra de Ibn Tufail asegura en su libro Algunos caracteres de la cultura española (1941) que “hubo una Aufklärung [Ilustración, Esclarecimiento] en el siglo XII en el sur de España”.

La originalidad y encanto de la narración de Ibn Tufail causó gran impacto en Europa. La primera traducción que se conoce es una anónima al hebreo sobre la que el filósofo y médico judío Moisés de Narbona (1300- 1362), nacido en el Reino de Mallorca, hizo un Comentario, también en hebreo, en el año 1349. De esta traducción, hacia 1493, realizó una al latín el humanista italiano Giovanni Pico della Mirandola (1463-1494).

La traducción de Pococke inspiró la formulación del filósofo-médico inglés John Locke (1632-1704) sobre la tabla rasa en el Ensayo sobre el entendimiento humano (1690), que pasó a convertirse en una de las principales fuentes del empirismo en la filosofía occidental moderna.

Su relación con la epistemología hace que los pensamientos expresados por Ibn Tufail se encuentren en diferentes variaciones y grados en los libros de Baruj Spinoza, Thomas Hobbes, Isaac Newton, Gottfried Wilhelm Leibniz, David Hume, George Berkeley e Immanuel Kant.

Pero hubo otro autor musulmán de ciencia ficción que fue Zakariyya al-Qazvini (1203-1283). Afamado enciclopedista persa nacido en la ciudad de Qazvín, también fue astrónomo, médico, cosmógrafo, geógrafo y curioso viajero.

Este polímata fue patrocinado por otro persa, Ata-Malik Yuvayni, historiador y gobernador de Bagdad entre 1259-1233 durante la época del Iljanato mongol. La gigantesca enciclopedia de al-Qazvini se divide en dos partes. La primera designada generalmente como Cosmografía, terminada hacia 1263, tiene el nombre de Maravillas de la creación y singularidades de las criaturas, y considera las cosas celestes (planetas, estrellas, ángeles, cronología) y terrestres (elementos, animales, plantas, minerales, seres humanos).

También tiene otro libro que lleva el título de Vestigios de los países y noticias de los siervos de Dios. Ésta describe los “siete climas” del planeta. Allí cita ciudades y países, con sus montañas, islas y ríos.

Al-Qazvini fue el primer escritor que anticipó la imaginación de Julio Verne en seis siglos. Su novela escrita hacia 1250, Awaj Bin Anfaq, es la historia de un curioso extraterrestre que llega a la Tierra desde un planeta distante para observar el comportamiento humano y se encuentra confundido por esta especie aparentemente sofisticada.