VIVIR SIN FAMILIA

“Los lazos con la gente llenan nuestro corazón”

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Otro interrogante que surgió en el intercambio fue si el hecho de no tener familia lleva a los sacerdotes a sentirse solos. Monseñor Lozano aclaró: “Yo familia tengo. Esposa e hijos, no. Pero no me siento solo y sin afectos. Al contrario, tengo muy buenos amigos, familias con quienes nos visitamos, sobrinos. También las comunidades que voy conociendo en mi andar por las diócesis donde trabajé y trabajo me brindan muchísimo cariño”. Igualmente, el
padre Pepe dice que “en nuestro sacerdocio experimentamos todos los días el cariño del pueblo acompañándolo en sus alegrías y sus sufrimientos. Siento la gratitud de un chico que está en la calle y al que acompaño en su adicción, de un enfermo que visito en un hospital, de un joven que crece sanamente acompañado de la vida de la Iglesia en campamentos, escuelas de oficios …” Para Alonso, “el renunciar a una familia propia cobra sentido en cuanto que pasamos a formar parte de una familia mayor que es la Iglesia y ésta se concretiza en las comunidades a las que somos enviados. Y en una comunidad parroquial uno recibe mucho cariño y se establecen vínculos muy profundos que llenan nuestro corazón”.