Lunes 26.02.2024

lideró la evangelización popular del país

Mama Antula, la mujer que promovió los ejercicios ignacianos

Por: Sergio Rubin

La vida de quien este domingo será proclamada por el Papa Francisco como la primera mujer santa nacida, santificada y muerta en lo que sería suelo argentino, María Antonia de Paz y Figueroa, fue una mezcla de rebeldía y coraje.
Comparte

Se enfrentó nada menos que al virrey y al obispo de Buenos Aires en tiempos en que la mujer estaba relegada y las opciones eran ser esposa o monja. Llegó a ser tildada de bruja, fánatica y loca y hasta fue recibida a piedrazos cuando entró en la capital del virreinato del Río de La Plaza.

La vida de quien este domingo será proclamada por el Papa Francisco como la primera mujer santa nacida, santificada y muerta en lo que sería suelo argentino, María Antonia de Paz y Figueroa, popularmente conocida como Mama Antula, fue una mezcla de rebeldía y coraje.

Rebeldía y coraje que evidenció para llevar adelante su formidable obra religiosa, de la mano de la promoción de la dignidad humana que, entre las decenas de miles de hombres y mujeres que abarcó, incluyó a varios de los protagonistas de la Revolución de Mayo.

Es que Mama Antula (Antonia en quichua) fue lo más alejada de una monja sumisa, encerrada en un convento, sin perjuicio de la santidad que la Iglesia considera que se puede alcanzar dentro de cuatro paredes. De hecho, no fue una monja, sino una laica consagrada que hizo los votos de castidad y pobreza, pero no de obediencia.

Y que tras la expulsión de los jesuitas de los territorios de la colonia española por parte del rey Carlos III, decidió seguir organizando los célebres ejercicios espirituales ignacianos en el norte, luego en Buenos Aires y, finalmente, en Uruguay, cuando la sola mención de los seguidores de Ignacio de Loyola era mala palabra para las autoridades españolas y la propia Iglesia.

Mama Antula había nacido en 1730 en el pueblo de Silípica, en Santiago del Estero, de una familia acomodada de encomenderos, recibiendo, además de formación cristiana, la mejor educación. Sin embargo, A los 15 decidió ir vivir con los jesuitas para ayudar a los más desposeídos. Tomó por nombre María Antonia de San José.

Fue allí cuando aprendió a organizar los ejercicios espirituales, hasta que, en 1767, Carlos III expulsa a loe jesuitas y luego el Papa Clemente XIV suprime a la mismísima la orden.Pero Mama Antula, con 38 años, decidió seguir adelante, aunque no obviamente con los sacerdotes jesuita, logrando lo que parecía imposible: que el obispo de la gobernación del Tucumán, que abarcaba varias provincias del norte, la autorizara.

Cautivadas por su carisma, logró que muchas mujeres la acompañaran en su cometido. Su primera casa de ejercicios fue en su tierra natal, “En su casa participaban todas las clases sociales, desde los virreyes hasta los esclavos, todos compartían el mismo espacio y la misma comida”, cuentan Nunzia Locatelli y Cintia Suárez, estudiosas desde hace años de la vida de la santa, autoras de “Mama Antula: la primera sana de Argentina”.

“Las grandes señoras servían a las campesinas, algo impensado para aquel tiempo donde las clases no se mezclaban y hasta caminaban por diferentes veredas”, señalan. Y completan: “Este logro la convirtió en la precursora de los derechos humanos en la Argentina”.

Caminando descalza, con la capa de los sacerdotes jesuitas, llevó los ejercicios a Salta, Jujuy, Tucumán, Catamarca, La Rioja y Córdoba. Su siguiente objetivo -tras haber caminado 4.000 km- era Buenos Aires. Pero allí la recepción no fue nada buena. Con un grupo de mujeres que la acompañaba, todas con aspecto andrajoso, su ingreso fue acompañado por burlas y piedras que llegaron a herirlas. Tras refugiarse en la iglesia de la Piedad, en el barrio de Monserrat -donde actualmente descansan sus restos-, le costó meses hasta que el virrey y el obispo le autorizaron los ejercicios, que incluyeron discusiones airadas.

Pero, finalmente, el éxito de la concurrencia a sus ejercicios fue rotundo. En 1788 ya habían participado setenta mil personas, entre los que se contaban miembros de la Primera Junta como Cornelio Saavedra, Manuel Alberti y Mariano Moreno. Hacia el final de su vida, con el concurso de acaudaladas familias, logró que se levantara “La santa Casa de Ejercicios”, ubicada en la avenida Independencia y Lima, junto a la 9 de Julio, el edificio colonial más antiguo de la ciudad.

Según la creencia católica, a Mama Antula se le atribuyen varias situaciones sobrenaturales como estar dos veces en un mismo lugar (bilocación), tener visiones sobre el futuro -anticipó las Invasiones Inglesas- o multiplicar la comida que distribuía entre los pobres. Y se convirtió en una persona de consulta de muchas personalidades de la época, que apreciaban -junto con su compromiso religioso- su concepción de la libertad como derecho esencial de toda persona. Su muerte sobrevino el 7 de marzo de 1799.

La causa de canonización inició en 1905 e inexplicablemente su tramitación se demoró hasta que en 2010 fue declarada Venerable tras determinarse que había vivido las virtudes cristianas en grado heroico. Restaba la comprobación de un milagro de Dios por su intercesión para que sea declarada beata. Se trató de la curación de una religiosa en 1904 que padecía una sepáis generalizada, por lo que fue beatificada en 2016. Finalmente, se estableció un segundo milagro, la curación en 2017 de un santafesino con un ACV, por lo que este domingo será canonizada. 

Fuente: VR