evocacion

Manos que curan ... y construyen

Por: María Montero

El padre Mario Pantaleo es recordado por su especial capacidad de intercesión ante Dios para lograr una curación. Pero también levantó una formidable obra educativa y solidaria en su querida González Catán, en el gran Buenos Aires, que no para de crecer.
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Sus colaboradores no lo podían creer cuando, hace más de 25 años, el padre Mario Pantaleo les confesó que en una visión Dios le había mostrado la construcción de una universidad en el predio donde estaba su fundación, una zona muy pobre de la localidad  de González Catán, en el gran Buenos Aires. Aunque en realidad, ya estaban acostumbrados a contemplar, cada día, los milagros que Dios hacía a través de sus manos: curaciones difíciles, con frecuencia imposibles, que llevaban a que miles de personas hicieran cola en el quincho de su fundación para escuchar su palabra y buscar, gracias a su especial capacidad intercesora, la ansiada sanación. A 20 años de su muerte, el legado del padre Mario supera los pronósticos más optimistas. La clave no es el dinero -si bien es algo importante para toda obra-, sino la fe. La misma que lo trajo de su Italia natal a Buenos Aires, y de ahí a González Catán, una localidad que en 1976, al comienzo de su obra, tenía el 80% de la población bajo la línea de pobreza. En esos tiempos de necesidades extremas comenzaron las actividades de atención social y se  pusieron en marcha gran parte de los distintos servicios y programas actuales.
Lo primero que construyó fue su anhelada iglesia, la capilla Cristo Caminante, en la que  celebró  misa hasta su muerte, y que fue donada al obispado de Laferrere. Enseguida, el centro materno infantil, el policlínico Cristo Caminante, con 57 mil consultas anuales, vacunación y entrega de medicamentos gratuitos. La escuela laboral Santa Inés para  discapacitados, con formación profesional y pasantías laborales. El jardín de infantes, la escuela primaria, secundaria y terciaria. Un centro de día para casi 60 ancianos con  servicio de transporte gratuito, en el que practican jardinería, natación, taichí, folklore y juegos para mejorar la memoria. E inicio de un complejo polideportivo.
Además, para prevenir las adicciones, fundó el centro educativo La Huella, con actividades recreativas y culturales, y la escuela socio deportiva “Alfredo Di Stéfano”, ala que asisten 500  hicos para la práctica de natación, básquet, vóley, fútbol, handball y atletismo. Recién después de su muerte se creó la universidad que había soñado, donde hoy se dictan las  carreras de Administración, Enfermería y Educación física. Y se construyeron la escuela  socio deportiva, un centro de servicios para el desarrollo del emprendedor, y hasta un Banco Popular de la buena fe, un programa de microcréditos para proyectos laborales con garantías grupales solidarias. También, la Plaza de Artes y Oficios, dedicada a la  formación de jóvenes y adultos en el mundo del trabajo, donde se dictan cursos de gastronomía, carpintería, electricidad, diseño de vidrieras, indumentaria, moldería e inglés.
La diversidad de actividades tiene un único fin: la promoción de las familias de González Catán a través de un modelo de redistribución solidaria y calidad en los  servicios para lograr su permanencia en el lugar. Muchos de los empleados de la fundación cursaron estudios en la propia organización, crecieron, viven y sus hijos  estudian en los colegios de la obra, que hoy educa a 3000 alumnos.
Todo se sostiene con donaciones y un programa de padrinazgo. Para colaborar, llamar al 4821-0030, de lunes a viernes, de 10 a 17 hs. Mas info: www.padremario.org