EL ARGENTINO QUE LLEGO A PONTIFICE

Mario Poli, su heredero en el arzobispado

Por: Ricardo Ríos

Su nombre casi no figuraba entre los posibles reemplazantes del cardenal Jorge Bergoglio en Buenos Aires. Pero ya había trabajado seis años como su mano derecha.
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Apenas se consumó la consagración del cardenal argentino Jorge Bergoglio como sucesor de la sede que dejó vacante con su renuncia el papa Benedicto XVI, uno de los primeros interrogantes que surgió pasaba por ver quién quedaría al frente, a su vez, del arzobispado de Buenos Aires. No hubo demasiado tiempo para jugar al misterio: en una de sus primeras acciones, el Papa Francisco designó como su reemplazante a monseñor Mario Aurelio Poli, quien a la hora de recibir su nombramiento se desempeñaba como obispo de Santa Rosa, La Pampa. Se trata de una designación que sorprendió a muchos, toda vez que el nombre de Poli era poco y nada mencionado en los pronósticos que se formularon durante el lapso de dos semanas exactas.
Tal vez ni el propio Poli imaginó el cambio que se avecinaba en su vida sacerdotal cuando a la semana de ser electo Jorge Bergoglio, le escribió a éste a Roma para felicitarlo y manifestarle su compromiso de “trabajar sin descanso y con pasión, para llevar adelante su pedido por la nueva evangelización”. En verdad, el vínculo entre el Papa Francisco y Poli viene de lejos y se lo puede caracterizar de entrañable. Basta recordar que fue el propio Bergoglio quien ordenó a Poli como obispo en abril de 2002. Para más datos, Poli se desempeñaría los seis años siguientes como su auxiliar en Buenos Aires.
La difusión del que fue el primer acto oficial del Papa Francisco respecto de su país natal, no fue precisamente la mejor manera de comenzar la relación entre el arzobispo designado y la administración de Cristina Kirchner. El Gobierno nacional obtuvo el dato, lo filtró y así se adueñó del anuncio; una tarea que le correspondía hacer a la Nunciatura Apostólica. Influenciado o no por ese episodio, en uno de sus primeros contactos con la prensa, Poli anticipó que su relación con la  presidenta será de “respeto y colaboración”, aunque hizo una salvedad explícita: “con la debida distancia y diferencias”, sostuvo. Sobre este punto, Poli también creyó conveniente aclarar que su estilo no era propiamente el de Bergoglio, es decir, con cintura para desenvolverse en complejas lides políticas.
“Yo soy pastor y no político”, dijo este sacerdote de 65 años (nació el 29 de noviembre de 1947) que lleva puestos los hábitos poco menos de la mitad de su vida. Más allá de estilos y de cuál será el perfil de su arzobispado, Poli opinó que la Argentina está necesitando “diálogo en serio”, y que se hace imperiosa la necesidad de que en el país haya un clima de concordia para superar adversidades y resolver asignaturas pendientes, especialmenteen cuestiones sociales. También capellán nacional de los Boy Scouts, Poli se sinceró frente a los micrófonos de la prensa al reconocer que no esperaba su nombramiento, que lo invadió una sensación de “perplejidad” y que no tuvo argumentos para decirle no a su mentor: “¿Qué iba a decir yo, que me gusta mucho La Pampa?”, recurrió a una humorada. Avisó asimismo que recorrerá Buenos Aires hasta que le den las piernas y que a pesar de que le gusta mucho andar en bicicleta, probablemente se excuse de montarse en dos ruedas en su nuevo destino “por temor a que me lleven puesto”. Y abundó: “Los seis años que estuve en Buenos Aires anduve en subte y tren. Bergoglio ha sido ejemplar en eso. Pero ha sido austero sin trompetear. Ahora -completa- aparecen en primera plana muchas actitudes suyas que él hacía habitualmente con mucha sencillez”. Muchos pampeanos que lo conocen más en detalle que el público porteño dicen que Poli “es igual” a Bergoglio. “No, bueno, la gente ahora empieza como a delirar”, manifestó.